Almundena Álvarez
Villalón
La balsa de Villalón ha supuesto un antes y un después para cuatro municipios de Tierra de Campos. El agua embalsada en esta enorme piscina artificial riega 2.135 hectáreas de nuevos cultivos y está transformando el futuro de la zona

La balsa de regulación de Villalón de Campos (Valladolid), una enorme piscina con capacidad para embalsar 10 hectómetros cúbicos de agua destinada al riego de 2.135 hectáreas, -hasta no hace mucho de secano-, ha supuesto un antes y un después para cuatro municipios de la Tierra de Campos de Valladolid y Palencia. Esta masa de agua artificial que recoge agua del río Cea y la bombea por campos de remolacha y maiz está cambiando el color de un triangulo de la extensa comarca terracampina. El que forman los términos municipales de Boadilla de Rioseco, en la provincia de Palencia, y los vallisoletanos de Villalón, Villafrades y Herrín de Campos, que ahora tienen justo en medio un mar de agua dulce.
Este trozo de Tierra de Campos con los colores amarillos y ocres que durante siglos había imprimido el río Sequillo, -que con el nombre lo dice todo-, está ahora tornando al verde gracias al agua embalsada en esta piscina del tamaño de 117 campos de fútbol. “Esto antes era un secarral y ahora está todo verde”, afirma el presidente de la comunidad de regantes Cea-Carrión (Sector IV de Tierra de Campos), José Luis Antón.
Detrás de este sueño hecho realidad hay mucho trabajo, 22 años de compromisos sobre la mesa de cinco consejeros autonómicos –el primero José Valín y el último Gerardo Dueñas, pasando por Silvia Clemente, Milagros Marcos y Jesús Julio Carnero- hasta ver concluida una obra que se entregó oficialmente en marzo de 2023 y ya está pintando de verde esperanza el futuro de la zona.
Primero vino la concentración parcelaria que tardó en ejecutarse más de una década. Después vendría la construcción de la balsa, la red de tuberías y una potente estación de bombeo, que impulsa el agua del río Cea a razón de 2.400 litros por segundo con el trabajo de siete grandes bombas que logran llenar la enorme piscina. Toda una infraestructura hidráulica que empezó a funcionar, en prueba, hace dos años, que ya estaba a pleno rendimiento el verano pasado y hoy ya da servicio a más del 90% de los propietarios.
Mucho ha tenido que ver en este logro el empeño de la comunidad de regantes del sector IV de Tierra de Campos: “Hemos peleado mucho, hemos tardado más de 20 años en conseguirlo”, afirma José Luis Antón, que recuerda los años en los que la idea de un mar de agua dulce en medio de Tierra de Campos empezaba a tomar forma. “Entonces yo tenía 34 años y ahora tengo 56. Nos ha costado lo nuestro”, apostilla.
La balsa del sector IV del canal Cea-Carrión en las provincias de Valladolid y Palencia, nombre técnico de una infraestructura de regadío única en Castilla y León y en España, ha costado 17 millones de euros y ha sido financiada por la Junta de Castilla y León con casi 13 millones de euros, el 76% del coste total, y la comunidad de regantes que ha puesto el 24% restante, otros cuatro millones.
Los colores de los cultivos contrastan con el azul del agua, donde además acuden a beber muchas aves acuáticas que residen en los humedales de Fuentes de Nava (Palencia), por lo que Antón destaca también la importancia que tiene a nivel ecológico
Se trata de un pantano artificial con forma rectangular, de 117 hectáreas de extensión, la dimensión de 117 campos de fútbol, capaz de contener 10 hectómetros cúbicos de agua destinada a uso agrícola, similar a la capacidad del embalse de Ruesga, en Cervera de Pisuerga (Palencia). El resultado es una forma muy sencilla, eficiente y sostenible de aprovechar el agua, un bien cada vez más escaso. Además está construida con la arcilla de la zona, que es lo suficientemente impermeable como para que no se hayan necesitado otros materiales.
Antes hubo que reconcentrar 16.296 hectáreas de regadío y secano entre los cuatro municipios, de las que 2.135 hectáreas son regables, en torno al 15%, un porcentaje, a la medida de la capacidad de la balsa. “No podríamos ampliar la superficie regable porque no podríamos asegurar el agua para más hectáreas”, sostiene el presidente de la comunidad de Regantes del Sector IV de Tierra de Campos, José Luis Antón.
“Es impresionante”, continúa el presidente de la Comunidad de Regantes, que no puede ocultar la satisfacción por el logro conseguido porque en solo dos años ya se está regando con el agua embalsada la casi totalidad de la superficie transformada, más de 2.000 hectáreas de las 2.135 hectáreas de regadío, propiedad de 179 vecinos, unos 120 agricultores, de los cuatro pueblos, Villalón, Herrin, Villafrades, en la provincia de Valladolid y Boadilla de Rioseo, en la provincia de Palencia.
Como repite Antón, para que no quede ninguna duda sobre la procedencia del agua, la balsa se llena con agua del rio Cea durante los meses de invierno. “El 1 de diciembre ya teníamos la balsa llena con el sobrante del rio Cea”, afirma José Luis Antón. “La llenamos entre octubre y diciembre con el agua del río. Estamos aprovechando el agua que iría al mar”, insiste este agricultor de Herrín de Campos. Después, funciona como una gran presa, como un embalse, y una vez almacenados esos 10 hectómetros cúbicos de agua, se reparte entre los regantes.
A razón de 4.700 m3/ha, ahora mismo, una dotación que previsiblemente se podrá subir hasta los 5.000 m3/ha. “El año pasado es lo que dimos, y este será parecido”, afirma Antón, recordando que 2023 fue un año de sequía en el que algunos sistemas vecinos como el Carrión o el Pisuerga tuvieron problemas de agua para el riego. Una preocupación que no van a tener en esta zona porque con la cantidad de que disponen en la balsa de Villalón se garantiza el riego para toda la campaña, con el añadido de que este año ha llovido bastante y se ha empezado a regar un mes más tarde de lo habitual.

REMOLACHA Y MAÍZ. En estos tiempos de cambio climático, no hay duda de que al agua es un bien cada vez más escaso que se ha convertido en sinónimo de riqueza. “Riqueza y futuro, las dos cosas”, apostilla Antón. Porque gracias al regadío han mejorado la rentabilidad de sus cultivos y cuando la agricultura es rentable se convierte en un buen reclamo para los jóvenes que, de lo contrario se ven obligados a emigrar en busca de oportunidades fuera de sus pueblos. “Si una explotación no es rentable, la gente no se queda, pero si lo es, podemos conseguir que algunos de nuestros hijos se queden y apuesten por la agricultura”, señala Antón. Es la tónica generaliza en los pueblos de la España de interior, por eso hay que pelear con ingenio para frenar esta tendencia y aprovechar las oportunidades que da la tierra para que los que están no se vayan y sigan apostando por el sector primario y el mundo rural.
En este contexto, “el regadío juega en otra división”, señala José Luis Antón. Ahora con la balsa de regulación pueden asegurar las cosechas y además apostar por producciones de regadío que tienen una rentabilidad muy superior a la del secano, casi del doble. “Aquí tenemos un buen terreno y con agua te aseguras la cosecha, esto es un vergel”, afirma Antón, que recuerda la cantidad de campañas que se han pasado mirando al cielo para acabar dando parte al seguro como ha ocurrido en los últimos años, con malas cosechas y los insumos por las nubes. “Con el regadío te aseguras que vas a coger, juegas en otra división, no hay color”, insiste.
«Tenía que haber más balsas como esta en Castilla y León y en España. De hecho, ahora mismo es la balsa de regulación en funcionamiento más grande del país, porque había otra en alicante que no funciona porque la llenaron y reventó»
Aunque color sí que hay, el que está tiñendo la geografía de esta zona de maíz, dormidera o remolacha, cultivos que antes eran inviables, que nunca se habían sembrado en esta zona y que son muy rentables económicamente.
Los colores de estos cultivos contrastan con el azul del agua embalsada, donde además acuden a beber muchas aves acuáticas que residen en los humedales de Fuentes de Nava (Palencia), por lo que Antón destaca también la importancia que tiene a nivel ecológico esta enorme masa de agua.
“Como presidente estoy encantado con la obra, los regantes también”, afirma. El acierto de este empeño se confirma en los ojos de quienes les visitan, porque por aquí pasan miembros de otras comunidades de regantes dispuestos a conocer de primera mano cómo funciona un mar en medio del desierto. ”Toda la gente que ha venido a verla se ha quedado alucinada con este sistema que además es un ejemplo de unión de cuatro municipios vecinos de dos provincias distintas”, sostiene Antón que considera que la balsa de Villalón es ejemplo, y a la vez solución, para incrementar la capacidad de regulación de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y corregir el déficit estructural de la cuenca del Duero.
En su opinión, con todos los problemas de agua que hay en estos tiempos de cambio climático, se deberían tener en cuenta este tipo de proyectos que son ejemplo de eficiencia, sostenibilidad y eficacia. “Deberían hacer más balsas como esta. Es un ejemplo que se debería replicar en otros territorios”, insiste.
Para entenderlo basta con pasearse por estos campos de Castilla y descubrir que lo que antes era “un secarral” se ha convertido en un oasis de vida y de futuro porque, como insiste José Luis Antón, donde hay regadío, hay riqueza, la agricultura tiene futuro, los jóvenes se quedan, y con ellos, la vida en los pueblos.

