Mar Peláez
Rucandio (Burgos)
Entre colinas quebradas y paisajes pintorescos, salpicado de pequeños pueblos recónditos que conservan una bella arquitectura popular, ha nacido un proyecto con un nombre de lo más ‘jugoso’. Lo que hoy es solo una hectárea de tierra baldía, en una finca abandonada en pleno corazón del valle de Las Caderechas (Burgos), pronto se convertirá en un bosque comestible. Sí, en un bosque que se podrá oler, mirar, palpar, oír… y saborear.

Con este innovador proyecto, que nace de la mano de la Asociación Ábrego y la Asociación de Productores y Comerciantes de Las Caderechas y el respaldo financiero de la Fondation Auchan y Alcampo, se plantarán este mismo invierno, en las inmediaciones de la localidad de Rucandio, un total de 1.600 árboles frutales autóctonos de 30 tipos diferentes, que incluyen 10 variedades antiguas de gran valor patrimonial y gastronómico.
Allí, manzanos, cerezos, ciruelos y perales convivirán con arbustos frutales que den arándanos, frambuesas, grosellas o moras. Y todos ellos funcionarán como un conjunto armónico.
“Esta selección no solo fomentará la preservación de especies autóctonas, la regeneración del suelo y el fomento de la biodiversidad, sino que también fortalecerá la producción de alimentos a nivel local, impulsando una agricultura regenerativa y sostenible”, señala el presidente de la Asociación de Comerciantes y Productores de Valle de Las Caderechas y uno de los principales impulsores de la iniciativa, Juan José Gandía.
Este bosque ‘para comérselo’, lejos de suponer una mera plantación de árboles, busca emular la estructura y funcionalidad de un bosque natural hasta convertirlo en un ecosistema productivo y sostenible. Y es que, como explica, Gandía, “en un bosque natural, donde hay frutos y otras plantas, nadie lo riega, nadie le echa herbicidas y llega un momento en que es sostenible”.
Para ver los primeros resultados de este bosque de los cinco sentidos, habrá que esperar, al menos, dos años; el tiempo justo para que el bosque dé sus primeros frutos comestibles y sea autosuficiente.
Tras la presentación del proyecto a la sociedad, los trabajos se centran ahora en adecuar el terreno para la plantación de frutales en un sistema multiestrato, donde los árboles de mayor porte ocuparán un lugar destacado entre árboles de menor tamaño y plantas de porte más bajo, como los frutos rojos, y donde se creará todo un sistema de infiltración para no desaprovechar ni una gota de agua que caiga sobre la finca.
La idea es aprovechar de forma natural la humedad y el agua de la zona. Y, para ello, se implementará el sistema KeyLine, una estrategia avanzada de manejo del paisaje que maximiza la captación y filtración de agua, contribuyendo a un uso más eficiente y sostenible del suelo. Se trata, tal y como comenta el ‘diseñador’ del bosque, el técnico agrícola Juan Sedano, de crear unos surcos de filtración paralelos a las curvas de nivel para lograr distribuir el agua por toda la parcela hasta llegar a unas pequeñas lagunas naturales, que serán muy útiles en periodos de sequía porque esa agua recogida podrá volverse a filtrar hasta la zona alta de la finca”.
Pero el bosque comestible de Rucandio no es solo un experimento agrícola. Es una oportunidad para regenerar un espacio natural, preservar el patrimonio agrícola, y lo más importante, a ojos de la Fondation Auchan, “involucrar a toda una comunidad en la construcción de un futuro más saludable y sostenible”.
Carmen Odilón, directora de Alcampo en Burgos, subraya que, al transformar una hectárea de tierra baldía en un ecosistema productivo y sostenible, no solo se está recuperando el suelo, fomentando la biodiversidad y preservando los alimentos locales, sino que también se está creando un espacio de aprendizaje y sensibilización para la población, donde niños, niñas, jóvenes y adultos tengan la oportunidad de aprender sobre la importancia de seguir una buena alimentación. Aprender y hacerlo en un aula al aire libre.




BOSQUE EDUCATIVO. Astrid Henmark, coordinadora de proyectos de la Asociación Ábrego, afirma que “el bosque comestible no es un fin en sí mismo”. “Busca restaurar el terreno, pero también crear un espacio de aprendizaje para la provincia de Burgos, donde personas adultas, niños y niñas tengan la oportunidad de conocer y recibir formación sobre alimentación sostenible, apoyo a las economías locales y sensibilización hacia el medio natural”.
Según manifiesta, en el bosque comestible se impartirán formaciones dirigidas a productores y productoras de la provincia de Burgos en temas clave como horticultura ecológica y gestión sostenible de suelos. Estas formaciones contribuirán directamente al desarrollo del propio bosque comestible, ya que los participantes colaborarán en tareas esenciales como la plantación, el riego y la biofertilización del suelo, promoviendo un modelo de trabajo colaborativo y regenerativo.
Se implementarán también actividades de ciencia ciudadana, entendiéndolo como un conjunto de prácticas que involucran a la ciencia y la sociedad en actividades como la medición de indicadores de calidad ambiental, el censo de insectos, mariposas y aves, así como la creación de un observatorio ciudadano que permitirá recoger datos fenológicos de especies concretas de árboles y arbustos, con el objetivo de estudiar los efectos del cambio climático en los ciclos biológicos.
Las y los más peques también participarán en el proyecto a través de visitas escolares con el fin de acercar a las nuevas generaciones a la realidad rural y fomentar el respeto por el medio ambiente. Se organizarán visitas de centros escolares de Castilla y León a las fincas productivas del Valle de Caderechas.
Estas visitas facilitarán al alumnado conocer de primera mano la vida en los entornos rurales, así como los empleos y profesiones clave en estos lugares, con especial atención a aquellos que actualmente ofrecen más oportunidades. A través de estas actividades, se espera educar en la importancia de una relación respetuosa y justa con el territorio, contribuyendo al desarrollo de una conciencia ecológica y social.
En este sentido, Gandía sostiene: “Nuestros recursos son muy importantes para nosotros y creemos que también para la gente de las ciudades. Queremos que la gente de la ciudad se interese por lo que tenemos y que nuestras variedades no se pierdan ni se abandonen”.
Lo que hoy es solo una hectárea de tierra baldía, pronto se convertirá, por tanto, en una tierra donde el ecosistema forestal y los cultivos frutales locales convivan en armonía que no solo beneficiará a quienes lo habitan, sino también a todo aquel que lo visite. Su producción llegará a colegios y a personas necesitadas y ‘alimentará’ la conciencia sobre la importancia de cuidar el planeta.
COLABORACIÓN A MÚLTIPLES NIVELES. La importancia del proyecto también captó la atención de las autoridades locales. Borja Suárez, presidente de la Diputación de Burgos, se desplazó hasta Rucandio para conocer en primera persona esta novedosa iniciativa y expresó su deseo de colaborar activamente: “Este es un proyecto muy ilusionante y estamos comprometidos a formar parte de su desarrollo”. Suárez destacó el valor de iniciativas que potencian los recursos endógenos de la región y el fuerte impacto que tienen sobre la comunidad rural.
El respaldo de la Fondation Auchan, además de la subvención inicial de 40.000 euros, no solo refuerza el aspecto económico del proyecto, sino que también impulsa su dimensión social. Por algo, este bosque es uno de los cuatro proyectos en España seleccionados por la fundación en su convocatoria de 2024.
Este es solo el comienzo de una historia que seguirá creciendo, como los árboles que plantarán sus raíces en el fértil suelo de Rucandio. Un bosque que, sin duda, dará mucho que hablar, y, más importante aún, que saborear.

