c.b atienza
Medina de Rioseco (Valladolid)
Con la llegada del otoño, la naturaleza se transforma, modifica su color y cambia su piel. Las hojas de los árboles caen transformando el suelo en una mullida alfombra. Son muchas las personas que eligen esta estación para disfrutar del campo y vivir, en primera persona, este cambio.
Las agradables temperaturas en esta etapa del año hacen que cientos de personas se desplacen hasta las diferentes zonas rurales a pasear, observar, estudiar, disfrutar del paisaje o simplemente respirar aire puro. Además algunos complementan estas actividades con una actividad grata, curiosa, original entretenida y barata: La recogida de setas.

La recogida de setas comienza en el mes de octubre, pero si coinciden diferentes aspectos climatológicos se puede salir al campo a por estos hongos hasta enero e incluso en primavera, explica el micólogo de Medina de Rioseco, Luis Anta. Para que salgan «deben darse tres circunstancias; que haya luz, humedad y una buena temperatura». Y este otoño, «estos tres elementos se aúnan de manera inmejorable». Tal es así, que «nos encontramos en la mejor temporada de hongos en al menos ocho años».
El mundo de las setas es tan grande como fascinante y en Campos y Torozos se pueden encontrar unas 40 especies distintas de setas tanto comestibles como no. La mayor variedad y cantidad de hongos se encuentra en la zona de La Santa Espina, Villalba de los Alcores y Valdenebro de los Valles. Sin embargo, las circunstancias tan favorables de los últimos meses, con abundantes lluvias veraniegas y en el inicio del otoño «han propiciado que se sumen diversidades que no son habituales en la zona, además de crecer en cantidad». Tal vez por ello, durante estos días es habitual ver a muchos aficionados a la micología con sus cestas de mimbre en mano de paseo por prados y bosques.
Las setas son los frutos de los hongos y se reproducen por esporas. Crecen en pinares, bosques, prados de montaña, caminos y otros terrenos húmedos y cálidos. Viven sobre materia orgánica en descomposición, a costa de otros seres vivos o asociados a otros en beneficio mutuo. En Tierra de Campos la especie más común es la Seta de Cardo (Pleurotus eryngii) y el Matacandil (Copriunus comatus). Ambas setas «son excelentes para el paladar», afirma Anta, aunque en el caso de esta última se debe señalar que solo dura dos días desde que sale hasta que se recoge, de tal manera que se debe comer justo tras su corte. También es típico en la zona el Agaricus campestre conocido comúnmente como champiñón. Éste se debe diferenciar del Agaricus xanthoderma, que es prácticamente igual, pero que es tóxico y que aparentemente es difícil distinguirlo del champiñón comestible. «Se diferencia al ser cortado ya que amarillea y además huele a ocre mientras que el campestre a anís», señala Luis Anta. Junto a estas especies también son típicas el Boletus, Agaricus, Tricolomas, Lactarius, Lepistas y en menor medida la Senderuela (Marasmius oreades). «También existe una seta que muchos piensan que no es comestible y sí lo es, el Higróphoro».
El buen tiempo y la abundancia de hongos es un sueño hecho realidad para el riosecano, que no hay día que no salga en busca de una nuevo descubrimiento. Y es que no hay mañana de recolección que no se tope con una seta casi nunca vista en la zona. Así pues, en el pantano de La Santa Espina ha podido ver la Lengua de buey (Fistulina hepática), algo para nada habitual. Mientras que otras como el Boletus granulatus, la Macrolepiota procera «han sido grandes hallazgos». Además las eras «se han llenado de champiñones y los prados de Senderuelas».
veneNOSAS. También nos podemos topar con algunos hongos que no son comestibles y que incluso pueden llegar a provocar la muerte. La más peligrosa de todas, que puede ser mortal o provocar invalidez, es la Amanita phalloides (no confundir con la Lepiota). Explica que «no provoca la muerte al momento de consumirla, ya que los primeros síntomas aparecen varios días tras haberse consumido y sus toxinas afectan al hígado y los riñones».
Otras de las setas de la comarca con mayor índice de toxicidad es la Boletus satanas y la Amanita muscaria; esta última con efectos alucinógenos. «Algunas de ellas no son comestibles y simplemente dan vómitos o diarreas, pero se debe tener en cuenta que la persona no sea alérgica incluso siendo una variedad comestible». Además se debe tener en cuenta que las setas no pueden consumirse en grandes cantidades, tanto en el momento como a lo largo del transcurso del tiempo. «No es bueno comer setas habitualmente ni tampoco pegarse un atracón», afirma el vecino de La Santa Espina y aficionado al mundo de la micología Fernando Martín. En este sentido, Luis Anta añade que se debe tener cuidado con el consumo abundante de las setas debido a la gran cantidad de metales que tienen. Por esta razón no se deben recoger al borde las carreteras ya que podrían tener grandes cantidades de plomo.

CONSERVACIÓN. La conservación de los hongos es muy importante ya que tienen una importante función dentro de la naturaleza. «Funcionan como descomponedores dentro de los diferentes ecosistemas», explica el biólogo zamorano Javier Talegón. Los hongos consiguen descomponer gran parte de la materia orgánica (hojas, troncos, madera, restos de animales, etc.) para que pueda ser incorporada al ciclo de la vida.
La gran mayoría de los hongos se alimentan de sustancias orgánicas muertas, eliminando la hojarasca y otros materiales de la superficie del suelo. La descomponen en materia mineral y la incorporan al suelo, haciéndolo fértil para las plantas verdes que son la base de la cadena alimenticia del ecosistema. Si no fuera por ellos, la acumulación de las hojas de un bosque sin descomponer, caídas año tras año, nos superarían en varios metros de altura. Por esta razón no se deben recoger grandes cantidades de setas ya que hay zonas de la comarca que se están exterminando algunas especies «a causa de una recogida masiva», afirma Luis Anta que además añade que en muchas ocasiones no se consumen todas las que se han recolectado. Por ejemplo, la Seta de Cardo ha reducido su población ya que es la que recolecta más del 90 por ciento de las personas, comenta Fernando Martín. En este aspecto explica que se deben proteger algunas especies ya que «al final hay más personas que setas».
También hay que respetar una serie de pautas de cara la recolección de las setas. En primer lugar se deben guardar las setas recolectadas en una cesta de mimbre y nunca en bolsas de plástico ya que los hongos que se han recogido están frescos y en este tipo de recipiente la humedad que destilan no se evapora. La cesta de mimbre, en cambio, deja pasar el aire y los hongos que se quedan debajo no cogen tan rápidamente un mal aspecto a causa de las sacudidas al andar y del peso de los hongos que tienen encima. Además permite que las esporas vayan cayendo a medida que nos desplazamos, lo que es «muy importante -dice Anta- de cara a la reproducción. Sin olvidar que hay que recoger las setas con una navaja a ras de suelo para no hacer daño al resto del hongo y «nunca utilizar rastrillos o materiales similares que levanten la tierra». En este sentido, Talegón comenta que «si se destruye el micelio, una vez dañado dificultará la aparición de nuevos ejemplares en un futuro».

CONSEJOS. Luis Anta nos aconseja no recoger nunca aquellas variedades de setas que nos conozcamos aunque por lo general existe «poco miedo» entre los recolectores. Además este aficionado a micología nos explica que algunas variedades «se están volviendo tóxicas» como la Seta de los Caballeros. No existen reglas para saber si una seta es comestible o no ya que sólo el estudio en profundidad puede sacarnos de dudas.
En casos de intoxicación se debe guardar alguna de las setas que se han ingerido y acudir al centro médico más cercano. También apunta que «no se debe tomar mucho alcohol» ya que incluso hay algunas setas que solo causan reacción al ser mezcladas con el alcohol. Además de cara al consumo se deben hervir siempre. La salida al campo de cara a un contacto con la micología no tiene porque estar orientada específicamente a la recogida de setas ya que algunas destacan por sus colores y es «un placer observarlas».
Así pues, la salida al campo a observar el mundo los hongos –se recojan o no- en esta época del año se puede convertir en una bonita actividad que nos puede permitir un contacto directo con el mundo de la naturaleza. Pero se debe recordar que el mejor setero no es aquel que recoge un mayor número de ejemplares si no el que después de salir del bosque no ha dejado ninguna huella de su estancia.
Un otoño anhelado para todo amante a la micología y que puede ir más allá. Porque «si no hiela habrá setas hasta enero», subraya el micólogo riosecano.

