En el inicio de un nuevo año, el campo de Castilla y León enfrenta retos que, aunque no son nuevos, cobran mayor relevancia en un contexto de cambios económicos y sociales. La despoblación, el aumento del precio de productos esenciales como la leche en el supermercado pero en la bajada para los productores, la poca rentabilidad de las explotaciones que contrasta con los datos que se ofrecen desde las administraciones y la amenaza a la supervivencia de los pequeños productores son cuestiones que exigen atención urgente y medidas concretas.
La despoblación sigue siendo una herida abierta en nuestras zonas rurales. Cada vez más pueblos ven cómo sus jóvenes emigran en busca de oportunidades que el medio rural agroalimentario no parece ofrecer. Este fenómeno amenaza no solo con vaciar nuestras tierras, sino también con desdibujar una forma de vida ligada a la tradición, el esfuerzo y el respeto por el entorno. Mantener la vida en los pueblos es esencial para preservar la identidad de Castilla y León y garantizar el futuro del sector agroalimentario.
El aumento del precio de productos básicos es un ejemplo. Por un lado, los consumidores se enfrentan a precios cada vez más altos; por otro, los ganaderos y agricultores luchan por cubrir sus costes de producción en un entorno de inflación y competencia desigual. Es imprescindible avanzar hacia una cadena de valor justa que reconozca y remunere adecuadamente el trabajo de quienes producen alimentos de calidad para nuestras mesas.
La rentabilidad del campo también está en juego. Las pequeñas explotaciones, que son la base de nuestra agricultura y ganadería, se ven asfixiadas por la falta de compromiso de los distribuidores, los costes crecientes y la burocracia. Sin medidas claras para fortalecerlas y protegerlas, corremos el riesgo de ver cómo desaparecen, dejando paso a modelos intensivos y deshumanizados que no siempre respetan el medio ambiente ni las tradiciones locales.
La lucha contra la desaparición de los pequeños productores es también una lucha por la diversidad, la sostenibilidad y la autonomía alimentaria. Cada vez que una explotación cierra, se pierde mucho más que una unidad productiva: se pierde un proyecto de vida, un legado y un pedazo del tejido social que da sentido a nuestros pueblos.
Desde este periódico, hacemos un llamamiento a las instituciones, al sector privado y a la sociedad en su conjunto para que se comprometan con soluciones reales.
Necesitamos una visibilidad y un respeto hacia los profesionales que incentiven el relevo generacional y aseguren una distribución equitativa de los recursos. Asimismo, es vital fomentar el consumo de productos locales, que son el fruto del esfuerzo de nuestros agricultores y ganaderos.
El campo de Castilla y León no solo alimenta nuestros hogares; también nutre nuestras tradiciones y valores.
En este 2025, renovemos nuestro compromiso con quienes hacen posible que el medio rural siga siendo un lugar de oportunidades, esperanza y futuro. Porque solo con un campo vivo podremos construir una región más fuerte y sostenible para las generaciones venideras.

