«Las cooperativas son un anclaje en el territorio, no solamente al socio, sino a todo el sector económico que está alrededor»

Con más de un millón de socios, una creciente proyección internacional y un papel decisivo en la economía del medio rural, las cooperativas agroalimentarias atraviesan un momento de grandes transformaciones. La transición ecológica, el relevo generacional, la volatilidad de los mercados, la aplicación del Pacto Verde Europeo y la redefinición de la PAC condicionan el futuro del campo español. Desde el 29 de junio, el responsable de orientar y representar al movimiento cooperativo ante el Ministerio y ante Bruselas es Gabriel Trenzado Falcón, jurista, politólogo y una de las voces españolas con mayor experiencia en política agraria comunitaria. Con él analizamos los desafíos y las oportunidades de un sector clave para Castilla y León y para el conjunto del país


¿Cómo fue su regreso desde Bruselas y qué sector se encontró?

Fue un cambio de vida. En Bruselas ya pisaba el sector porque mi día a día era ayudar y coordinar la participación en los grupos de diálogo civil de los diferentes sectores. Eso me permitió explicar ante las instituciones comunitarias qué hacía el sector español y qué impactos tenían las políticas. Pero llegar aquí, a Madrid, me permitió mirar más de cerca el sector y comprender mejor lo que me explicaban y lo que allí explicábamos en Bruselas.

Me encontré un sector español potente, muy amplio, muy diverso, que te permite visualizar qué se trabaja en Bruselas y qué se puede hacer de ahí para acá y de acá para allá con el objetivo de conseguir los objetivos que todos nos proponemos.

¿Cuál es el papel de Cooperativas Agro-alimentarias ante el Ministerio y ante Bruselas?
Nuestro papel es que las instituciones, tanto nacionales como europeas, conozcan cómo funciona el sector y qué impactos tienen las políticas. No se trata solo de describir realidades, sino también de hacer propuestas. Para hacer propuestas adecuadas necesitas conocer bien el sector y ser riguroso.

Nuestro trabajo consiste en trasladar conocimiento del sector y comunicar bien para influir en aquellas políticas que nos afectan y que tienen que estar bien diseñadas. Solo así podemos conseguir nuestros objetivos como empresas: rentabilidad, innovación, internacionalización y competitividad.

España es muy diversa. ¿Cómo se abordan tantas realidades sectoriales y territoriales?
Siempre se dice que España es un país muy diverso, pero Europa también lo es. Estar en Bruselas me ayudó a ver lo común: hay mucho más en común de lo que pensamos. Las particularidades existen, pero muchas veces responden a contextos concretos.

En Cooperativas Agro-alimentarias de España no hablamos de un solo sector, sino de múltiples sectores. Y aunque no trabajamos la pesca, sí trabajamos desde una patronal cuya función es unificar el mensaje y unirnos en lo que tenemos en común, que es mucho. Después se abordan las particularidades sectoriales desde un bien común: el modelo de empresa cooperativa agroalimentaria, que está muy extendido y es eficiente en el sector español.


¿Ha cambiado el perfil de las cooperativas desde que empezó a trabajar en este ámbito?
Muchísimo. Las cooperativas llevan transformándose desde que nacieron, pero en los últimos 20 años el cambio ha sido enorme. A raíz de la crisis de 2008 hemos pasado de un sector que vendía para que vinieran a comprar a un sector que sale a vender. Ese salto cualitativo ha supuesto más dimensión económica, más profesionalización, más innovación.


Hoy, la internacionalización supone cerca del 33 % de nuestra facturación, y seguirá creciendo. Exportamos más, importamos materias primas —somos el primer productor de piensos de Europa— y las cooperativas tienen un papel clave en esa cadena. Todo eso ha generado empresas completamente diferentes a las de la primera década de los 2000.


Se habla mucho del redimensionamiento. ¿Cómo influye crecer en la estrategia cooperativa?

La dimensión económica siempre ha sido un debate histórico en el cooperativismo. Crecer te permite invertir y abarcar más productores o más mercado. Pero la dimensión no se puede separar de la estrategia empresarial: no sirve de nada debatir si somos grandes o pequeños si no hay una estrategia clara.

La pregunta clave es qué estrategia tienes, qué papel juega la dimensión en ella y si está adecuada al modelo de negocio. Si no hay estrategia, la dimensión no sirve. Y la integración no funciona si es de arriba abajo: la base social tiene que estar implicada. Cuando no lo está, aparecen resistencias que ponen en riesgo la integración y su eficacia.

Las cooperativas locales no son locales: sufren el impacto del mercado internacional. Cuanto antes entiendan esa realidad, antes buscarán integración o intercooperación. Pero estos procesos deben hacerse desde la base.

Los últimos años han sacudido al campo. ¿Cómo hacer más fuerte al sector ante crisis internacionales?


La intercooperación y la integración son fundamentales. Somos muy dependientes de los mercados globales, de materias primas importadas o de la caída de ciertos mercados exteriores. Pero la competitividad hoy no depende solo del precio: influyen el cambio climático, la falta de relevo, la falta de mano de obra y las regulaciones.

El cambio climático reduce producción y nos hace menos competitivos. La falta de relevo afecta a explotaciones y cooperativas. La falta de mano de obra afecta a sectores no mecanizados. Todo esto va más allá de la oferta y la demanda, y se debe abordar de manera conjunta, porque no está en manos de una sola empresa.

Las cooperativas, además, deben actuar como polos de conocimiento para que las administraciones tomen decisiones adecuadas: estamos en primera línea de producción y del mercado, tenemos la visión de cadena.


¿Está más cerca una cadena alimentaria equilibrada y regulada?
La ley de la cadena tuvo elementos positivos: mayor transparencia, límites a prácticas comerciales desleales y control administrativo. Pero se ha pretendido que consiga precios justos, y no es el instrumento adecuado. El precio es el resultado de la actividad empresarial, no de una regulación. Y si queremos precios mínimos necesitaríamos otro tipo de PAC, con instrumentos de gestión de mercados que hoy no existen.
La ley debe cumplir su papel, pero no resolverá todos los problemas. Lo que hace falta son estructuras potentes y políticas que incentiven la estructuración.

Además, la relación entre socio y cooperativa no es una relación comercial: el socio es el propietario de la cooperativa. Esa relación no debe interpretarse como contrato mercantil y no está en la ley. Este es un debate que sigue abierto en Europa.
¿Cómo abordar la falta de relevo generacional y la falta de mano de obra?
En 20 años han coincidido dos fenómenos: estructuras que ya iban a desaparecer por falta de dimensión y una ausencia de relevo generacional grave. No vienen jóvenes al campo, las inversiones de entrada son elevadas y las ayudas solo acompañan al inicio, no en el proceso. A esto se suma la falta de mano de obra generalizada en la economía.

El éxodo rural de las últimas décadas está mostrando ahora sus consecuencias. La solución pasa por atraer profesionales y jóvenes, comunicar mejor, actualizar la imagen del sector, visibilizar que es tecnológico, digital y profesional, y mostrar que el cooperativismo ofrece más posibilidades de éxito que ir por libre.Las cooperativas ya están actuando: crean secciones de cultivo, unidades de explotación, ofrecen servicios de profesionalización y asumen funciones productivas para mantener actividad cuando faltan explotaciones.


¿Tienen las cooperativas una responsabilidad social en el mundo rural?
La tienen de forma colateral. No son ONG, pero actúan en el territorio porque sus propietarios viven allí. Sus estrategias incluyen planes a medio y largo plazo que no buscan solo rentabilidad inmediata, sino mantener actividad futura.

Por eso montan gasolineras, tiendas, servicios de asesoría, incluso residencias de mayores —como el caso de la cooperativa que creó el mayor geriátrico invertido por una cooperativa en Castilla y León—. Son inversiones que mantienen el tejido social y productivo. Sin personas no hay cooperativa y no hay entorno.

Agropal, Cobadú, ACOR… todas actúan como anclajes del territorio. No serían lo mismo Palencia o Zamora sin ellas.

¿Es consciente la sociedad de la importancia del cooperativismo?

El cooperativismo es muy reconocido, pero poco conocido. Todo el mundo habla de la cooperativa, pero no sabe realmente lo que es. Por eso trabajamos en el proyecto Producto Marca Cooperativa, que identifica claramente productos y marcas cooperativas, su origen y la trazabilidad.
Hace falta comunicar mejor, tanto a la sociedad como a las instituciones. A veces se confunde una cooperativa con una ONG, y no es así: somos empresas que compiten en el mercado y que deben ser rentables.

¿Qué postura tienen ante la nueva PAC?

El debate actual no es agrario, es de modelo de gobernanza. La Comisión Europea apuesta por planes nacionales y no por una política común integrada, justo lo contrario de lo que recomiendan informes como el Draghi o Letta. Esto reduce integración y dificulta políticas comunes.
Además, reducir la PAC a pagos directos es un error. El futuro —relevo, digitalización, adaptación climática, innovación— requiere inversión. Estas inversiones no siempre se reflejan en los precios, y sin apoyo público no se podrán realizar.

El cooperativismo no aparece explícitamente en la PAC más allá de las OPs, pero las medidas de inversión sectorial deben potenciarse.


¿Existe margen para cambiar la propuesta?

Depende de los Estados miembros, porque ellos desarrollarán los instrumentos. Nosotros vamos a promover inversiones para el futuro dentro del Plan Estratégico Nacional. Si no hay fondos públicos para invertir, no habrá política económica ni sectorial capaz de afrontar los retos compartidos.

¿Están alineadas las cooperativas europeas?

Sí. En la organización europea, la visión es muy similar: invertir, adaptarse al cambio climático, afrontar retos estructurales comunes. Las diferencias vienen del tamaño. Una cooperativa holandesa de 14.000 millones tiene una perspectiva distinta a una española de 1.500 millones, pero los problemas de fondo son los mismos.


¿Se está adaptando el agricultor y el ganadero español?

Hablar en genérico es difícil. Pero sí: quienes están en cooperativas dimensionadas y profesionalizadas se adaptan mejor. Quienes no lo están o pertenecen a estructuras con problemas de rentabilidad o falta de relevo lo pasan peor. Dentro de los sectores ocurre lo mismo: quien invierte, innova y se dimensiona crece; quien no, retrocede.

¿Es el modelo cooperativo la fórmula que más estabilidad puede dar al productor?

Sin duda. El caso del azúcar lo demuestra: una empresa privada toma decisiones pensando en su accionista, aunque eso implique cerrar industrias o importar. Una cooperativa toma decisiones pensando en su propietario, que es el productor. Eso marca la diferencia.

¿Cómo animar a productores a integrarse en cooperativas?
Con explicación y pedagogía. Quien está dentro critica, porque siempre criticamos lo que más queremos y lo más cercano. Pero cuando sale se da cuenta del paraguas que era la cooperativa: servicios, seguridad, asesoramiento, acceso al mercado, profesionalización.
Los jóvenes tienen mucha información, pero la información no basta: se necesita fuerza en el mercado, capacidad de inversión y estrategia común, cosas que solo ofrece la cooperativa.

¿El modelo cooperativo de Castilla y León es exportable?


Sí, y ya existe en otras comunidades. Las cooperativas se visitan entre sí, comparten experiencias, intercooperan, aprenden unas de otras. Incluso en Europa. La casa común permite comparar, adaptar y replicar estrategias.


¿La internacionalización es uno de los grandes retos?

Depende del sector, pero sí. La internacionalización no es solo exportar: es depender de materias primas importadas, de puertos, de regulaciones y de mercados mundiales. Vivimos en un sistema internacionalizado aunque no seamos conscientes. Para crecer en valor y rentabilidad hace falta una estrategia clara según el mercado al que se va.

¿Qué importancia tiene la diversificación?
Es clave. El modelo español es muy diversificado. Las cooperativas no suelen ser de un solo producto: las grandes ganaderas empezaron como grandes productoras de pienso; otras se adentraron en servicios y comercialización porque era lo que necesitaban los socios. La diversificación es una respuesta a las necesidades reales de los productores.

¿Cómo conseguir que el consumidor valore el origen frente a las importaciones?
Hay dos vías: regulación e información. Reglamentar requisitos equivalentes es muy complejo, porque depende de negociaciones internacionales. En el mercado hay sectores ofensivos y defensivos: algunos no quieren competencia exterior, otros dependen de ella para obtener materia prima.

Para el consumidor, el origen y la trazabilidad son fundamentales. El sello Marca Cooperativa garantiza el origen y la trazabilidad real. Y la importación debe ser responsable y transparente. El problema no es importar, sino hacerlo sin transparencia.

¿Qué recoge el Plan Estratégico de Cooperativas Agro-alimentarias?

Cinco ejes: sostenibilidad económica, social y medioambiental, innovación y comunicación.

En lo económico, influir en la regulación y aportar conocimiento a las instituciones para que tomen las mejores decisiones.
En lo social: relevo generacional, mano de obra e incorporación de la mujer.

En lo medioambiental, disponer de un discurso propio que conecte con la realidad y no con visiones ideologizadas. Comunicar qué se hace realmente en sostenibilidad.

En innovación: digitalización, cuaderno de campo cooperativo, aprovechamiento de datos, inteligencia artificial, economía circular.
En comunicación: hacia instituciones y hacia la propia base social, especialmente hacia los jóvenes que no vivieron la fundación de las cooperativas y dan por sentado que siempre estarán ahí.

¿Existe una dualidad entre cooperativas de primera y segunda velocidad?

Sí. Un 30% genera el 70% del valor, y viceversa. Eso muestra dos velocidades. Quienes crecen se integran, invierten, innovan y se profesionalizan. Quienes no, tienen más problemas y tienden a desaparecer. Esta dualidad se ha acentuado tras el COVID, la guerra, los cambios geopolíticos y el cambio climático.

¿Qué peso real tienen las cooperativas en la economía española?
Son un polo de estabilidad. En crisis generan empleo. Mantienen actividad continua. Son el anclaje económico y social del territorio. Están en todos los pueblos. Donde no queda ninguna empresa, suele quedar la cooperativa. Son el motor de la mal llamada España vaciada.

¿Qué pasará con la base social?

Tendremos menos socios, pero más profesionalizados. El sector estaba adelgazando grasa; ahora está perdiendo músculo. El objetivo es perder grasa pero no músculo, porque lo que necesitamos son explotaciones eficientes, que inviertan y que puedan ser sostenibles.

¿Cómo ayuda la innovación y la inteligencia artificial?


Quienes están profesionalizados ya están invirtiendo en tecnología. Para tomar decisiones en un contexto de impactos climáticos, sanitarios o de plagas, necesitamos información de suelos, datos y herramientas tecnológicas.

La digitalización será estructural: mecanización, geolocalización, drones, gestión inteligente. Reducirá la falta de mano de obra, atraerá talento y facilitará el trabajo. También permitirá atraer a más mujeres al sector.


¿Qué legado le gustaría dejar como director general?

El primero sería que no se hable mucho de mí. El objetivo es construir una patronal referente interna y externamente. Una organización que genere conocimiento y ayude al sector a adaptarse, porque nadie sabe mejor que nosotros cómo hacerlo.

Queremos una organización rigurosa, influyente, capaz de diseñar estrategias que permitan a las cooperativas tener los mejores elementos para tomar decisiones. Y con una estructura sólida que combine representatividad y servicios, porque conocer a las empresas es la clave para servirlas y para hablar con autoridad.

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