De residuo a recurso. La biomasa urbana tras los temporales

El responsable de Innovación y Sostenibilidad de Renatura Urbana advierte de que la caída de árboles en episodios de viento y lluvia no es un fenómeno inevitable, sino en muchos casos la consecuencia directa de una gestión deficiente del patrimonio verde urbano.

Las recientes borrascas que han atravesado buena parte del territorio español han vuelto a situar el arbolado urbano en el centro del debate público. Árboles arrancados de raíz, ramas de gran porte desplomadas sobre calzadas y aceras, cortes de tráfico y situaciones de riesgo para la población se han repetido en distintas ciudades, evidenciando una fragilidad estructural que ya no puede atribuirse únicamente a la excepcionalidad meteorológica.

Para Ernesto Gómez Sobrino, Ingeniero Técnico Agrícola, responsable del Departamento de Innovación y Sostenibilidad del Grupo Renatura Urbana, estos episodios deben interpretarse como una señal de alerta. “El problema no es solo que haya viento”, explica. “El problema es que seguimos gestionando el arbolado urbano como si el clima no hubiera cambiado. Y eso, hoy, tiene consecuencias directas sobre la seguridad ciudadana”.

Más allá del árbol ornamental

Gómez Sobrino insiste en que uno de los errores históricos en la gestión municipal ha sido considerar el arbolado como un elemento accesorio del paisaje urbano. “Los árboles no son decoración. Son infraestructura verde crítica”, afirma. Su presencia incide en la regulación térmica, la captación de CO₂, la mejora de la calidad del aire, la reducción de escorrentías en episodios de lluvia intensa y el bienestar físico y psicológico de la población.

Sin embargo, estos beneficios solo se mantienen cuando el arbolado se planifica y gestiona con criterios técnicos. “Un árbol mal elegido, mal ubicado o sin seguimiento estructural puede convertirse en un riesgo”, señala. “No por el árbol en sí, sino por la falta de planificación”.

Planificación 

Desde su experiencia técnica, Gómez Sobrino apunta a varios déficits recurrentes en las ciudades españolas: ausencia de Planes Directores de Arbolado Urbano, inventarios desactualizados o inexistentes, falta de diagnósticos estructurales y una política de podas reactiva, orientada a apagar incendios tras los temporales en lugar de prevenirlos.

“El viento no tira árboles sanos y bien gestionados con la misma facilidad”, sostiene. “Cuando un ejemplar falla, suele haber detrás un problema de sistema radicular, de estabilidad, de podas incorrectas o de una especie que nunca debió plantarse en ese emplazamiento”.

En este sentido, subraya la importancia de la selección de especies en función del espacio disponible, el tipo de suelo, la proximidad a infraestructuras y la exposición al viento. “No todo vale en cualquier sitio. Y seguir plantando por criterios estéticos o de inmediatez es una mala inversión a medio plazo”.

Qué hacer después de un temporal

Una vez producido el daño, la gestión posterior resulta determinante. Gómez Sobrino rechaza los planteamientos basados exclusivamente en la retirada masiva de árboles afectados. “Lo primero es una evaluación técnica post-temporal”, explica. “Hay que analizar cada ejemplar, determinar su estabilidad real y decidir con criterio cuáles pueden recuperarse y cuáles deben retirarse por seguridad”.

Este análisis evita, según señala, la pérdida innecesaria de arbolado y permite optimizar recursos públicos. Pero además, abre la puerta a un enfoque distinto en la gestión de los restos vegetales. “La poda y la retirada de ramas no generan residuos, generan biomasa”, afirma.

Desde esta perspectiva, defiende prácticas como el triturado in situ para acolchados, el compostaje controlado para producir enmiendas orgánicas o la valorización de madera estructural cuando las características del material lo permiten. “Es absurdo pagar por retirar algo que puede reincorporarse al ciclo natural o convertirse en un recurso útil para la propia ciudad”, apunta.

Replantar no es repetir

Otro de los aspectos críticos tras los temporales es la replantación. Gómez Sobrino advierte contra la reposición automática de ejemplares sin análisis previo. “Sustituir un árbol caído por otro idéntico, en el mismo lugar y con las mismas condiciones, es perpetuar el problema”, señala.

En su opinión, cada replantación debería responder a una estrategia que priorice la diversidad de especies, la adaptación climática y la resiliencia estructural. “La homogeneidad vegetal hace a las ciudades más vulnerables, no más ordenadas”, afirma. “Diversificar es una medida de seguridad, no solo ecológica”.

Invertir para reducir riesgos

El mensaje central que lanza Gómez Sobrino es que la gestión del arbolado urbano debe entenderse como una inversión preventiva. “Las ciudades que cuentan con inventarios actualizados, modelos de riesgo y planes directores bien definidos responden mejor a los fenómenos extremos”, explica. “Reducen daños, reducen costes y, sobre todo, reducen riesgos para las personas”.

Por ello, hace un llamamiento a las administraciones públicas para actualizar sus planes de arbolado, implantar sistemas de inventariado digital, apostar por el mantenimiento preventivo e integrar criterios de sostenibilidad y economía circular en la gestión de los residuos verdes.

“Gestionar bien el arbolado no es un gasto superfluo”, concluye. “Es una inversión directa en seguridad, sostenibilidad y calidad de vida urbana”.

Sobre Renatura Urbana

Renatura Urbana es una empresa de ingeniería especializada en paisajismo sostenible, planes directores e inventarios de arbolado urbano, evaluación de riesgo aplicada al arbolado, diseño de parques infantiles conforme a normativa y gestión sostenible de residuos verdes y compostaje. Su actividad se centra en aportar soluciones técnicas e innovadoras para avanzar hacia ciudades más resilientes, eficientes y saludables.

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