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Ganadero de ovino assaf Javier Alonso 4

Javier Alonso. Ganadero de ovino de San Cebrián de Campos (Palencia)

Fernando, Francisco Javier y Tere Alonso son tres ganaderos de ovino que mantienen una explotación de más de mil ovejas en San Cebrián de Campos (Palencia).

Su padre, agricultor de toda la vida, ya tenía un pequeño rebaño de ovejas churras, pero cuando sus hijos le tomaron el relevo «se animaron» a apostar más fuerte por la ganadería y empezaron por cambiar la raza churra por la assaf, porque tenían claro que lo suyo iba a ser producir leche y «con la churra no llenábamos el tanque», afirma Francisco Javier Alonso.

Dicho y hecho, en 1994 crearon la sociedad cooperativa Rabel, tomando el nombre del pago donde han ido levantando su negocio, y compraron las primeras 300 ovejas en un pueblo de Zamora. «Empezamos con una nave y una sala de ordeño», recuerda Javier Alonso. Y hoy pueden presumir de ser una de las mejores explotaciones de ovino de la provincia de Palencia, muy profesionalizada y con unos niveles de producción muy altos. Dice Javier que en su camino no hay ningún secreto.

Solo haber sido capaces de mejorar y adaptarse. «No éramos ganaderos antiguos y como sabíamos poco, nos hemos dejado enseñar», reflexiona. Claro está, además de hacer importantes inversiones económicas, siempre a la medida de las posibilidades y con la vista fija en una idea clara de lo que querían que fuera su negocio.

Un negocio que no es nada fácil y que, según incide Javier, requiere de unas inversiones mínimas para poder arrancar. Inversiones «esenciales» para cualquier granja de ovino que pasan por comprar una máquina de ordeño, que ronda los 200.000 euros; un carro mezclador con un tractor para echar de comer, 30.000 euros; una pala cargadora, 40.000 euros; y al menos un apero para hacer limpieza, 40.000 euros. «Esta es la maquinaria mínima», insiste. A parte de las ovejas, claro está, el terreno, las naves, su trabajo y la alimentación del ganado, que en su caso, y lo dice dando gracias a Dios, proviene de la explotación agrícola que lleva con sus hermanos. Porque la mitad de lo que producen las tierras se lo comen las ovejas. «Eso en los años buenos. En los malos como el pasado, que ha sido catastrófico, casi no hemos conseguido ni cereal para ellas», apunta. Hasta la paja ha habido que comprar, «el producto más insignificante para una ganadería y estaba por las nubes».

Por eso todavía da más rabia aún, que a pesar de lo catastrófico que ha sido el año, las industrias que les compran la leche,- ellos se la entregan a la cooperativa de Saldaña, que se la vende a Entrepinares-,  no se hayan dignado siquiera a mantener el precio de 2017, que ya era bajo de por sí, para este año 2018. «La cosa es que al final, seguimos vendiendo la leche al mismo precio que cuando empezamos», se lamenta este ganadero.

Porque resulta que este año, además de bajarles el precio, las industrias han tenido la genial idea de cerrar los precios para todo el año, pero con variaciones que curiosamente son inversamente proporcionales a la producción de la granja.

De esta forma al principio de la lactación, que es cuando las ovejas dan mas leche pero con menos grasa y proteína, -la leche se paga en función del porcentaje de grasa y proteína que tenga-, es cuando los precios son más bajos. «En definitiva, cuanta más leche sale de la oveja más barata la vendes», aclara Javier. Y a medida que va bajando la producción y el porcentaje de grasa y proteína (el extracto quesero) va siendo mayor, los precios son más altos, pero en ningún caso alcanzan los que se llegaron a pagar en 2017, los 0,72 euros que negociaban los ganaderos como cifra mínima para que producir leche no les cueste dinero.

En resumen que «cuando menos nos pagan es en los meses de primavera que es cuando más cantidad producen nuestras ovejas», explica Javier. «En marzo, abril, mayo, junio, cuando producimos el 72% de la leche de todo el año, nos van a pagar a 10,25 pesetas, que multiplicado por los puntos de grasa y proteína rondará 0,61 euros,  es decir 102 pesetas por litro, que es lo que cobraba mi padre hace cuarenta años», resume. «Es un cachondeo», afirma, insitiendo en que en 2018, en ningún momento llegaran a cobrar lo que el año anterior, a pesar de haber sido un año tan «catastrófico» y en el que los ganaderos ya recibieron un precio muy bajo por la leche.

Por eso este ganadero palentino defiende que habría que negociar un precio mínimo, que estar en esos de 0,72 euros. Pero también cree que tendría que haber una verdadera negociación, algo que hoy «apenas existe». «La industria láctea presenta una oferta, propone un precio y si nos interesa bien y si no, se busca a otros». «Y que nadie se engañe, porque aunque hayan dado precio para todo el año, si es tan bajo, de qué sirve», agrega.

«Siempre nos dicen que hay mucha leche y sobran quesos y que tenemos que cambiar la estacionalidad de la leche». Pero la realidad es que «la industria solo busca leche barata». Y en el otro lado están los ganaderos, que han hecho grandes inversiones y muchos esfuerzos para obtener grandes producciones y de gran calidad. Por eso lamenta también que nadie parezca darse cuenta de que «los ganaderos no podemos echar el cierre en función de si la industria quiere o no quiere la leche, porque el que cierra ya no abre».

Además en todo este relato, no se ha contado con los costes de producción que afrontan los ganaderos y que este año, evidentemente, han sido más altos, porque todas las materias primas han sido más caras. En el caso de esta explotación de San Cebrián de Campos los cifran entorno a los 0,90 euros por animal. Sin contar con el servicio del nutrólogo y el veterinario, que hoy en día es indispensable para mantener abierta una explotación ganadera y lograr producciones rentables. El resultado es que «estamos trabajando gratis», afirma Javier. «Y depende cómo le pille a cada ganadero, porque al que le pille un año tan malo como este con inversiones, pobrecillo». «Solo sale rentable si sacas una producción de 500 litros por animal y lactación. Por debajo de ahí, cuidadin», añade.

Pero no solo la industria es la mala en esta película. «También los ganaderos tenemos algo de culpa, porque hemos nacido con este soniquete y vivimos resignados». y también tienen algo que decir las administraciones, porque «de los Pirineos para acá la agricultura y la ganadería son un cero a la izquierda».