En un campo de ensayo en Arabayona de Mógica, Salamanca, a soja ha sido protagonista en un evento que reunió a agricultores y a la consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, María González Corral, para observar el crecimiento de esta leguminosa que, campaña tras campaña, se ha ganado un lugar en las rotaciones agrícolas de Castilla y León. Según datos oficiales de la Consejería, la superficie cultivada de soja ha alcanzado las 400 hectáreas en esta región, distribuidas entre León, Salamanca y Ávila. Este dato cobra relevancia en el contexto de un incremento a nivel nacional, donde se cultivan 2.498 hectáreas de soja, el doble respecto al año anterior.
Hectáreas pertenecientes a Juan Francisco González, agricultor de Salamanca que se ha destacado como pionero en la siembra de soja en la región. Desde 2005, González ha trabajado de forma constante en este cultivo y ha sido testigo de su evolución y sus desafíos. “Todo empezó en 2005, cuando alguien de la empresa Pascual nos habló de la soja como un cultivo nuevo. Probamos plantando algunas hectáreas, y la primera cosecha fue bastante buena. Desde entonces, poco a poco, he seguido apostando por la soja”, explicó González. Aunque rentable, señala que requiere paciencia y conocimiento: “Este cultivo tiene un gran potencial proteico y ayuda a mejorar la tierra, pero hay que aprender mucho sobre sus necesidades, como el riego, los herbicidas, las plagas y la climatología. Es un proceso de aprendizaje constante”.

González, que cultiva también patatas, maíz, remolacha y otros cereales, apuesta por la soja como una opción estratégica en la rotación de cultivos. “Es un cultivo que necesita constancia y diversificación. Si un año un cultivo va mal, la soja puede ayudar a compensar. Así que, al diversificar, te aseguras de que si uno no va bien, otro lo pueda equilibrar”, afirmó. Uno de los aspectos singulares del cultivo de soja es la necesidad de inocular las semillas con la bacteria Rhizobia japonicum, indispensable para la fijación de nitrógeno en las plantas, ya que no se encuentra de forma natural en el suelo de la región. Al respecto, González Corral destacó que “Castilla y León tiene capacidad para convertirse en una zona productora de soja y en un centro de transformación de esta materia prima en productos como harinas, concentrados de soja, bebidas, yogures y salsas, cuya demanda está en constante crecimiento”.
“Hay que tener paciencia y ser constante; cada variedad se comporta de forma diferente y es necesario ajustar la siembra y el tratamiento. No es solo sembrar y esperar, sino probar cada año para ver qué variedades y técnicas funcionan mejor”, concluye Juan Francisco.
La apuesta por la soja representa una oportunidad de diversificación para los agricultores de Castilla y León, quienes cuentan con el respaldo de la Consejería y el Itacyl para experimentar con nuevas variedades y métodos de cultivo que favorezcan la sostenibilidad y la rentabilidad del sector agrario en Castilla y León.
La consejera González Corral subrayó la importancia de la soja en la rotación de cultivos debido a su capacidad para fijar nitrógeno en el suelo, lo que contribuye a mejorar la calidad de la tierra de forma sostenible. Durante su intervención en el campo de ensayo del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), afirmó que la soja es una “excelente opción para diversificar las producciones agrícolas y reducir el uso intensivo de riego frente a otros cultivos”.
“Este tipo de ensayos facilitan a los profesionales conocer cultivos con gran potencial y les permite diversificar sus producciones, obteniendo así productos de interés para la industria alimentaria”, subrayó González Corral. Los ensayos de Itacyl han incluido 21 variedades de ciclo largo en una primera siembra y 18 variedades de ciclo corto en una segunda, con el objetivo de transferir a los agricultores información sobre su adaptación a las condiciones de Castilla y León.
Además, se ha trabajado con la bacteria Rhizobia japonicum, indispensable para la fijación de nitrógeno en las plantas de soja, ya que no se encuentra de forma natural en el suelo de la región. “Castilla y León tiene capacidad para convertirse en una zona productora de soja y en un centro de transformación de esta materia prima en productos como harinas, concentrados de soja, bebidas, yogures y salsas, cuya demanda está en constante crecimiento”, aseguró la máxima representante de Agricultura de la Comunidad.

