EL CSIC ELIGE BALTANÁS PARA DESARROLLAR EL PROYECTO ARGUS QUE INVESTIGA PARA PROTEGER EL CORAZÓN DEL PATRIMONIO A TRAVÉS DE LA CIENCIA
esther duque
baltanás/palencia
El subsuelo de Baltanás, en Palencia, esconde una de las concentraciones de bodegas subterráneas más singulares de España: 374 cavidades excavadas en seis niveles que, desde tiempos remotos, han sido testigos silenciosos de la actividad vinícola y de la vida social. Su extraordinario valor cultural, histórico y humano ha captado el interés del proyecto europeo ARGUS, una iniciativa respaldada por la Unión Europea que apuesta por la tecnología más puntera para preservar enclaves remotos y frágiles.
La capital del Cerrato se convierte así en uno de los cinco emplazamientos piloto del programa, junto a lugares emblemáticos como la isla de Delos en Grecia o el castillo de Schenkenberg en Suiza. La finalidad es clara: anticipar riesgos y evitar el deterioro antes de que los daños sean irreversibles de su Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Etnológico, ARGUS (Advanced Non-Destructive, Scalable and Smart Monitoring of Remote Cultural Treasures) propone una metodología revolucionaria. Combina sensores terrestres no invasivos, drones, gemelos digitales e inteligencia artificial para la supervisión continua de estos espacios singulares que ya han probado su éxito en zonas mineras. Su propósito no se limita a detectar amenazas: busca también generar alertas tempranas y sugerencias para la conservación preventiva.
Tiene en cuenta que el cambio climático está trascendiendolos límites de los factores antropogénicos y naturales y es ampliamente reconocido como una de las principa es amenazas para sitios de patrimonio cultural.El sistema permite vigilar en tiempo real múltiples parámetros críticos para la integridad de las bodegas. Los sensores, desarrollados por la empresa española Worldsensing, especializada en monitorización remota, miden humedad, temperatura, movimientos del terreno y vibraciones estructurales. La incorporación de estos dispositivos en una plataforma portátil y respetuosa garantiza una recopilación precisa de datos sin alterar la esencia de las construcciones históricas.
Los dispositivos capturan de forma constante información sobre las condiciones internas y estructurales. Esta ingente cantidad de datos se transmite a un sistema central que, mediante algoritmos de inteligencia artificial, identifica patrones de riesgo incipientes.
«La clave es intervenir antes de que el daño sea visible», subraya Fernando Ramonet, investigador del Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información «Leonardo Torres Quevedo» del CSIC, responsable del equipo en Baltanás. «Aplicamos tecnología de vanguardia para analizar niveles de humedad, estabilidad del suelo y otras variables esenciales que inciden en la conservación de las bodegas» explica Ramonet que también recuerda que este programa desarrollado por el CSIC en España está coordinado por el Athena Research Centre de Grecia cuenta con la participación de 13 socios de seis países europeos: Grecia, Chipre, Alemania, Italia y Suiza. Entre los colaboradores se encuentran instituciones de investigación, universidades y empresas especializadas en tecnología y conservación del patrimonio.

MODELO EXPORTABLE.
Los responsables de ARGUS insisten en que Baltanás no es solo un enclave beneficiado, sino un laboratorio de referencia para otros contextos similares en Europa. «Las bodegas de Baltanás representan un tipo de patrimonio menos visible: construcciones populares, ligadas a la vida cotidiana, pero de inmenso valor cultural», destaca Lidia Abad, también investigadora del CSIC.
En efecto, frente a monumentos más conocidos o explotados turísticamente, las bodegas subterráneas de Baltanás constituyen un testimonio humilde, transmitido de generación en generación. Protegiéndolas, el proyecto contribuye a salvaguardar formas de vida, técnicas constructivas tradicionales y, en última instancia, la historia misma de la relación entre el ser humano y su entorno. Una parte esencial del éxito de ARGUS radica en la implicación de los propietarios de las bodegas. Julio del Río, cuya familia mantiene viva su bodega desde hace generaciones, valora la iniciativa: «Con estos sensores obtenemos datos fiables y permanentes. Antes solo reaccionábamos cuando el daño era evidente. Ahora podemos anticiparnos», afirma.
José Luis Iglesias, otro bodeguero que ha participado activamente, resalta la tranquilidad que supone saber que la estabilidad de su bodega está siendo vigilada sin interrupción. «Es un avance enorme. Es nuestro legado, pero también parte de lo que seremos».
Desde el Ayuntamiento de Baltanás, la alcaldesa María José de la Fuente Fombellida subraya la relevancia de colaborar en proyectos como ARGUS. «La conservación de nuestras bodegas es una prioridad. Son nuestra seña de identidad y motivo de orgullo colectivo. Apoyar a los investigadores y facilitar su labor es apostar por el futuro de Baltanás», sostiene.
De la Fuente pone también el acento en el impacto educativo y de concienciación del programa. «Queremos que las nuevas generaciones entiendan el valor de lo que poseemos y se conviertan en sus guardianes. ARGUS no solo protege nuestro presente, sino que cultiva una sensibilidad necesaria para mañana».
METODOLOGÍA PRECISA.

La actuación en Baltanás ha seguido un esquema riguroso. En primer lugar, un estudio inicial permitió identificar los riesgos principales: alta humedad, movimientos de suelo, deformaciones estructurales y daños provocados por ciclos de hielo-deshielo. A continuación, se desplegaron los sensores en ubicaciones estratégicas, seleccionadas tras un análisis técnico minucioso.
El siguiente hito ha sido la recopilación continua de datos y la construcción de un gemelo digital del barrio de bodegas. Este modelo tridimensional no solo reproduce la arquitectura existente, sino que incorpora información ambiental y estructural en tiempo real, posibilitando la simulación de escenarios futuros.
«Podemos analizar, por ejemplo, las consecuencias de un incremento del 20% en las precipitaciones anuales o de un aumento de dos grados en la temperatura media, ambos escenarios plausibles debido al cambio climático», explica Lidia Abad tras instalar y comprobar uno de los sensores junto a José Javier Anaya, investigador del CSIC y coordinador del proyecto.
INTELIGENCIA PREDICTIVA.
Uno de los grandes avances de ARGUS reside en su sistema de apoyo a la toma de decisiones. No se limita a señalar anomalías: proporciona recomendaciones automáticas basadas en el conocimiento experto.»El sistema puede aconsejar medidas como reforzar estructuras vulnerables, optimizar la ventilación o mitigar fuentes de humedad», detalla Fernando Ramonet. «No sustituimos la intervención humana, pero ofrecemos herramientas fundamentales para actuar a tiempo».
Este enfoque permite que autoridades locales, propietarios y técnicos colaboren de forma coordinada y basada en evidencias científicas.
APUESTA CONTRA EL OLVIDO.

Durante las últimas décadas, muchas bodegas han sufrido el abandono o la degradación. La despoblación rural y la transformación de la viticultura han reducido su uso tradicional. Sin embargo, hoy se revelan como un recurso estratégico para reforzar la identidad local, fomentar el turismo sostenible y revitalizar el medio rural.
«El patrimonio no debe verse únicamente como algo pasado, sino como una palanca para el presente y el futuro», reflexiona Julio del Río. «La tecnología nos brinda la posibilidad de preservar lo que en otros lugares soñarían tener». El éxito de ARGUS en Baltanás demuestra también el valor de la colaboración entre ciencia, instituciones y sociedad civil. Los investigadores han subrayado desde el inicio la generosa disposición de los vecinos y del Ayuntamiento. «La implicación de los bodegueros ha sido crucial. No solo han abierto sus espacios, sino que han compartido un conocimiento ancestral sobre el comportamiento de las bodegas», resalta Lidia Abad.
Esta sinergia entre saber científico y saber popular ha enriquecido el proyecto y ha permitido adaptar las herramientas tecnológicas a las necesidades reales del entorno. Aunque el proyecto ARGUS tiene una duración prevista de tres años, sus frutos están pensados para perdurar. En el caso de Baltanás, se prevé que la infraestructura de monitorización permanezca activa una vez finalizado el programa europeo.
«Estamos dejando una red de conocimiento y herramientas que la comunidad podrá seguir utilizando», afirma Fernando Ramonet. «Nuestro propósito no es intervenir y desaparecer, sino capacitar a quienes viven aquí para gestionar su patrimonio de manera autónoma y sostenible». Mientras tanto, bajo la tierra de Baltanás, la memoria sigue latiendo. Más protegida, mejor entendida, y más preparada para resistir los desafíos de un mundo en transformación.

