En un momento en el que la gastronomía contemporánea presta una atención creciente al origen del producto, la técnica culinaria y el equilibrio en el sabor, la flor de sal se consolida como un ingrediente con identidad propia dentro de la alta cocina. Su uso ya no se limita al acabado final del plato, sino que se integra de forma consciente en el proceso de elaboración, aportando textura, matices y control del salado.
Este enfoque estuvo presente en Madrid Fusión 2026, uno de los principales foros internacionales de reflexión culinaria, donde distintos profesionales abordaron el papel de la sal como elemento técnico y creativo en cocina.
Del emplatado al proceso culinario
Tradicionalmente asociada al gesto final del cocinero, la flor de sal ha ampliado su función gracias a sus propiedades físicas y organolépticas. Su cristal fino y frágil permite una disolución progresiva, lo que facilita un salado más uniforme y menos agresivo que el de la sal común.
Esta característica ha llevado a muchos chefs a incorporarla desde fases tempranas de la receta, favoreciendo un mayor control del sabor y evitando correcciones posteriores. La tendencia responde a una visión más precisa del uso de la sal, en la que no se trata de añadir más cantidad, sino de elegir mejor el tipo de sal y el momento de aplicación.
Un ingrediente versátil, también en la cocina dulce
Durante el congreso gastronómico, uno de los showcookings puso el foco en la versatilidad de la flor de sal, aplicada tanto en platos salados como en elaboraciones dulces. Propuestas como un ajo blanco de pistacho con atún curado en flor de sal o bombones de chocolate con un toque salino evidenciaron su capacidad para actuar como elemento de contraste y cohesión entre sabores.
“El valor de la flor de sal está en que no solo sazona, también aporta textura y una sensación distinta en boca”, explicó el chef Patricio Úbeda, encargado de la demostración culinaria. Según señaló, este tipo de sal permite que cada ingrediente mantenga su identidad, sin quedar enmascarado por el salado.
Un producto sencillo con alto valor gastronómico
La flor de sal se obtiene mediante recolección superficial en salinas, donde se forman cristales finos que flotan en la superficie del agua. Esta estructura ligera es la responsable de su sabor más suave y menos invasivo, una cualidad especialmente valorada en la alta cocina, donde el equilibrio resulta determinante.
“No todas las sales son iguales”, apuntó Úbeda durante su intervención. “La flor de sal se disuelve en boca y acompaña al plato sin imponerse”, una característica que explica su creciente presencia en cocinas que buscan precisión, respeto por el producto y coherencia sensorial.
Lejos de modas pasajeras, el uso de la flor de sal como ingrediente integrado refleja una evolución técnica y cultural en la cocina actual, donde incluso los elementos más básicos se reinterpretan desde el conocimiento, la creatividad y la búsqueda del equilibrio.

