El cierre del establecimiento pone fin a una tradición familiar ligada a la venta de periódicos y obliga a los vecinos a desplazarse a otras localidades para adquirir la prensa diaria

CB ATIENZA/ VILLALPANDO


Villalpando, tan reconocible en su dimensión histórica y patrimonial, también se ha construido a través de otra red de lugares más discretos, pero esenciales, como librerías, tiendas, cafeterías, pastelerías; y en definitiva, negocios de toda la vida que tanto villapandinos como vecinos del territorio guardan en su memoria. En los últimos años, la localidad ha asistido al cierre de muchos de sus negocios más emblemáticos. Algunos sucumbieron a un relevo generacional imposible; otros no resistieron a los cambios en los hábitos de consumo, pero la mayoría tuvieron que bajar la persiana a causa de la despoblación.
Entre los cierres que mejor retratan la transformación del medio rural en los últimos años está el del quiosco de Mari Carmen Caramazana. Será este mes de julio cuando su punto de venta de prensa atienda a su clientela por última vez. La villalpandina abrió el establecimiento en 2004 «con mucha ilusión». Aunque su historia con la prensa comenzó mucho antes. Tal es así que casi ha crecido entre cabeceras de distintos medios y páginas de papel. Su padre fue el primero que vendió prensa en Villalpando, primero desde una tienda de comestibles y fruta; y después, en otro establecimiento. Cuando apenas era una niña ya acompañaba a sus hermanos en la tarea de repartir los periódicos por las casas del pueblo. Y es que «toda la vida he tenido mucha relación con el mundo de prensa», reconoce.
En aquellos tiempos apenas existía Internet y el periódico era la forma de enterarse de lo que ocurría. Nada que ver con los tiempos actuales, en los que el desplome de la venta de periódicos y revistas debido al impacto de la digitalización ha provocado que casi no queden puntos de ventas de prensa ni tan siquiera en grandes ciudades. Mari Carmen recuerda cabeceras hoy desaparecidas como Siete Fechas, El Pueblo, Ya o El Caso. «Antes se vendían muchos más periódicos», afirma. Un cambio de tendencia imparable que sobre todo se debe «a la irrupción del teléfono y las redes, de forma que el papel ha bajado mucho». En este sentido, apunta que «la gente mayor, que era la que más compraba prensa, por desgracia ha ido desapareciendo, mientras que las personas más jóvenes leen las noticias directamente en el móvil».
Mari Carmen reconoce que no lee el periódico todos los días. Sin embargo, sí defiende el placer del papel, especialmente cuando se trata de los libros. «A mí me gusta leer en este formato, ya que la sensación de pasar las páginas es inigualable». Y es que «la sensación de informarse a través de una pantalla es muy diferente», explica. Así pues, reivindica así una forma de leer que resiste al paso del tiempo.
A lo largo de estos 22 años, este quiosco ha sido mucho más que un lugar donde comprar el periódico. Entre revistas, golosinas, pan y dulces ha visto crecer a generaciones enteras . Guarda un cariño especial a la infancia que se acercaban casi a diario. «Siempre he disfrutado con la visita de los niños más pequeños, que tienen muchas ocurrencias». Su marcha deja un vacío que muchos vecinos ya le han hecho saber. «La gente me pregunta dónde poder comprar la prensa». La respuesta no es sencilla. Algunos tendrán que desplazarse hasta Benavente o Zamora para adquirir la prensa diaria y otros recurrirán a las suscripciones, aunque reconoce que estas no solucionan el problema de quien quiere leer el periódico el mismo día. «Para las revistas no importa recibirlas un día antes o después, algo que no ocurre con la prensa diaria».
Para Mari Carmen, el cierre del quiosco es también el reflejo de una realidad que afecta a muchos pueblos. «Es una pena que los pueblos cada vez vayan a menos, porque cierran negocios que ya no vuelven a abrir». Su establecimiento se suma así a una lista de servicios que han desaparecido con el paso del tiempo. A pesar del amor por un negocio que ha levantado ella sola, afronta la jubilación con serenidad. «Lo siento mucho y me da pena, pero la vida es así». Pero «hay que disfrutar un poco». A partir de ahora tendrá más tiempo para dedicarse a sus labores, leer, visitar más a su hija en Málaga y disfrutar de su familia después de tantos años detrás del mostrador. «Voy a relajarme, ponerme al día y dedicarme un poco más a mí y a mi familia».
Cuando cierre definitivamente la puerta del quiosco terminará una etapa personal, pero también desaparecerá uno de esos pequeños lugares que daban vida al pueblo. Allí no solo se vendían periódicos, revistas, pan o chucherías. También se compartían saludos, conversaciones y costumbres. Con la jubilación de Mari Carmen se apaga un negocio familiar ligado a la prensa desde hace generaciones y Villalpando pierde un servicio que, durante décadas, parecía tan cotidiano que muchos pensaban que estaría ahí para siempre.

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