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Un estudio realizado en la cordillera Cantábrica ha documentado que siete machos treparon o utilizaron plataformas para depositar señales a una altura superior a la correspondiente a su tamaño. Los autores consideran que el comportamiento podría disuadir a posibles rivales, aunque evitan interpretarlo como una prueba definitiva de engaño intencionado.

Un equipo internacional con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales ha identificado por primera vez en osos pardos un posible mecanismo de señalización exagerada. Los investigadores registraron entre 2021 y 2024 a 164 ejemplares en 14 puntos de marcaje de la cordillera Cantábrica y comprobaron que siete machos elevaron artificialmente sus señales visuales y olorosas, posiblemente para aparentar un tamaño corporal mayor y evitar enfrentamientos.

El trabajo, publicado en Journal of Mammalogy, se ha basado en 117.552 horas de grabaciones obtenidas mediante cámaras de fototrampeo. Los casos detectados representan el 4,3 % de los animales identificados, una proporción reducida que lleva a los científicos a describir el fenómeno como excepcional y a mantener cautela sobre su significado comunicativo.

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Oso pardo cantábrico deposita señales visuales y olorosas sobre el tronco de un árbol.

Los osos utilizan árboles y postes para comunicarse

El oso pardo deposita señales químicas y visuales al frotarse, arañar o descortezar árboles y otros elementos del territorio. Estas marcas transmiten información sobre la identidad, el sexo, la edad y la capacidad competitiva de cada individuo sin que los animales tengan que encontrarse directamente.

La altura constituye una parte relevante del mensaje. Un ejemplar grande puede alcanzar zonas más elevadas cuando se incorpora sobre sus patas traseras, por lo que otros osos pueden utilizar la posición de la señal como indicio de la envergadura y la fortaleza de quien la dejó.

Este tipo de información se considera una señal índice porque está vinculada a una característica física difícil de manipular. La altura de una marca debería guardar una relación directa con el tamaño real del emisor, de la misma forma que determinados sonidos o posturas están condicionados por la anatomía del animal.

El nuevo estudio cuestiona que esta correspondencia resulte siempre inalterable. Algunos ejemplares aprovecharon elementos del entorno para alcanzar una posición superior y dejar sus rastros más arriba de lo que habrían podido hacerlo apoyados únicamente en el suelo.

Siete machos elevaron artificialmente sus señales

Los científicos identificaron este comportamiento en siete osos machos, cuatro adultos y tres subadultos. Los animales treparon por los puntos de marcaje o se subieron a plataformas instaladas junto a árboles y postes antes de frotarse y depositar sus señales.

La maniobra les permitió impregnar con su olor y producir marcas visibles a una altura superior a la determinada por su estatura. Los registros exagerados aparecieron en el 14,3 % de los lugares estudiados y se realizaron principalmente durante las horas diurnas.

Vincenzo Penteriani, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales y autor principal del trabajo, explica que «aunque se trata de un comportamiento excepcional, es la primera vez que se documenta en osos, lo que demuestra que su comunicación es más compleja de lo que se pensaba».

La observación abre una nueva vía para estudiar la capacidad de estos mamíferos para modificar mensajes que hasta ahora se consideraban determinados por sus características físicas.

Una marca situada a tres metros

Uno de los registros más significativos se produjo en 2021. Los investigadores encontraron una señal visual situada a tres metros de altura, muy por encima de los aproximadamente dos metros que puede alcanzar un oso pardo erguido sobre las patas traseras.

La presencia de una rama rota inmediatamente debajo llevó al equipo a plantear que el animal había trepado para depositar la marca. Aunque la grabación y los indicios permiten reconstruir la acción, los investigadores no pueden determinar con certeza qué intención tuvo el ejemplar.

La diferencia entre comprobar una manipulación física y atribuirle un propósito consciente resulta esencial. El estudio demuestra que algunos osos pueden elevar sus señales, pero todavía debe establecerse si buscan deliberadamente engañar a sus congéneres o si el comportamiento responde a otras motivaciones.

Aparentar mayor tamaño podría evitar enfrentamientos

Los autores plantean que un macho joven o subordinado podría obtener una ventaja si otros individuos interpretan la señal elevada como la marca de un animal más corpulento. Esa apariencia podría disuadir a competidores de acercarse al punto o reducir la probabilidad de un encuentro directo.

Los enfrentamientos implican un gasto energético y un riesgo de lesiones, especialmente para los ejemplares con menor tamaño o posición competitiva. Una señal exagerada permitiría obtener parte de los beneficios asociados a la dominancia sin asumir el coste físico de demostrarla.

Los científicos contemplan asimismo una posible repercusión reproductiva. Parecer más grande podría modificar la respuesta de otros machos y facilitar el acceso a determinados espacios o oportunidades, aunque esta hipótesis todavía requiere observaciones específicas.

«Para un macho no dominante o un individuo joven, esta estrategia podría proporcionar ventajas ya que, al aparentar ser más grandes, podrían disuadir a rivales mayores, reduciendo la probabilidad de un enfrentamiento directo», señala Penteriani.

La baja frecuencia mantiene la fiabilidad del sistema

La señalización exagerada apareció en una pequeña minoría de ejemplares y quedó concentrada en pocos puntos de marcaje. Esta escasa frecuencia puede explicar por qué el sistema comunicativo continúa siendo útil para los receptores.

Cuando la mayoría de las marcas refleja de manera aproximada el tamaño real de los animales, los osos pueden seguir utilizando su altura como información fiable. Un pequeño número de individuos obtiene ventaja precisamente porque los demás mantienen su confianza en el mensaje.

Si la exageración se generalizara, la señal perdería valor. Los receptores dejarían de asociar la altura con la capacidad competitiva y buscarían otras referencias antes de decidir si se acercan, se retiran o modifican su comportamiento.

«Nuestros resultados apuntan a que la comunicación en esta especie no es completamente honesta ni completamente deshonesta, sino que es un equilibrio dinámico entre emisores y receptores que evoluciona constantemente», indica el investigador.

Un debate de la biología evolutiva

La investigación aporta datos a una cuestión clásica sobre la evolución de la comunicación animal: cómo pueden mantenerse sistemas basados en mensajes fiables cuando algunos individuos tienen la capacidad de alterarlos.

Las teorías evolutivas sostienen que las señales deshonestas pueden persistir mientras sean minoritarias y no comprometan la utilidad general del sistema. El caso observado en la cordillera Cantábrica se ajusta a ese planteamiento, aunque los autores consideran necesario ampliar la investigación antes de confirmar su alcance.

El trabajo muestra, en cualquier caso, que una señal aparentemente limitada por la anatomía puede modificarse mediante el uso del entorno. La conducta introduce una mayor flexibilidad en la comunicación de una especie solitaria cuyos intercambios dependen en buena medida de rastros que permanecen después de que el emisor haya abandonado el lugar.

La investigación evita atribuir una mentira consciente

El término «mentira» resume de manera divulgativa la posible función del comportamiento, pero los autores subrayan que los resultados constituyen un indicio de comunicación deshonesta y no una demostración definitiva.

Para confirmar el engaño sería necesario comprobar que el emisor modifica la señal con el objetivo de alterar la percepción de otro oso y que el receptor interpreta efectivamente la marca como procedente de un individuo mayor. El estudio actual documenta el primer paso de esa secuencia: la elevación artificial de la señal.

También deberán descartarse explicaciones alternativas, como la exploración de las estructuras, el juego, la comodidad durante el frotamiento o preferencias individuales sin una finalidad competitiva.

El artículo adopta por ello la expresión «señalización exagerada». Esta formulación describe el fenómeno observado sin atribuir a los animales capacidades cognitivas o intenciones que las grabaciones todavía no permiten probar.

El fototrampeo revela conductas difíciles de observar

El seguimiento continuado mediante cámaras permitió registrar interacciones que difícilmente podrían documentarse mediante observación directa. Los osos pardos viven en áreas extensas, presentan bajas densidades y utilizan los puntos de marcaje cuando no hay personas presentes.

Las 117.552 horas acumuladas entre 2021 y 2024 facilitaron la identificación individual de los 164 animales y la comparación entre sus formas de marcar. El volumen de imágenes permitió comprobar que el comportamiento era real, aunque poco frecuente.

El estudio ha contado con investigadores del MNCN-CSIC, FAPAS, la Universidad de León, la Universidad de Oviedo, la Universidad de Granada, la Estación Biológica de Doñana y otras instituciones españolas y europeas.

Los autores proponen continuar con trabajos observacionales y experimentales para analizar cómo reaccionan los osos ante marcas colocadas a diferentes alturas y determinar si la señal exagerada modifica realmente las decisiones de los receptores.

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