La incorporación a AEGIS convierte a España en el país número 36 de una red que conserva de forma coordinada más de 120.000 accesiones vegetales.
España se ha incorporado formalmente al Sistema Integrado Europeo de Bancos de Germoplasma, AEGIS, mediante la firma de un memorando por parte de la directora general de Producciones y Mercados Agrarios, Elena Busutil, con el objetivo de integrar recursos fitogenéticos españoles en una red europea común de conservación y facilitar su utilización en investigación y mejora vegetal. El acuerdo, anunciado por el Ministerio de Agricultura el 14 de agosto, convierte al país en el miembro número 36 de un sistema creado para proteger a largo plazo la diversidad genética de los cultivos agrícolas.

La incorporación abre ahora una fase menos visible y considerablemente más técnica. España deberá identificar qué instituciones nacionales pueden integrarse como miembros asociados de AEGIS y seleccionar posteriormente las accesiones que podrán incorporarse a la Colección Europea. Una accesión es una muestra vegetal individualizada y catalogada, formada por semillas o material de propagación que representa, por ejemplo, una variedad tradicional, una línea de mejora o una población determinada. Cada una posee una identidad propia dentro del banco de germoplasma.
AEGIS reúne actualmente unas 120.000 accesiones de centenares de especies vegetales conservadas físicamente en diferentes países. La Colección Europea funciona como un banco de germoplasma distribuido. Las semillas y demás materiales continúan almacenados en las instituciones responsables de su conservación, mientras pasan a formar parte de un sistema común que aplica criterios compartidos de calidad, documentación, disponibilidad y mantenimiento a largo plazo.
Esa arquitectura explica el alcance del acuerdo. España incorpora capacidad de conservación a una red europea y, al mismo tiempo, amplía las posibilidades de que investigadores y obtentores vegetales puedan localizar y estudiar materiales genéticos procedentes de colecciones de distintos países. En un escenario agrícola marcado por temperaturas más elevadas, episodios de sequía, cambios en la distribución de plagas y nuevas exigencias productivas, conservar diversidad equivale a mantener abierto un catálogo de respuestas biológicas que todavía pueden resultar necesarias.
Europa conserva más de 120.000 accesiones en una colección compartida

AEGIS nació en 2009 con diez países firmantes y ha evolucionado hasta integrar a 36 miembros tras la adhesión española. El sistema se desarrolla dentro del Programa Cooperativo Europeo para los Recursos Fitogenéticos, ECPGR, una estructura de colaboración cuyo objetivo consiste en conservar a largo plazo la diversidad vegetal europea y aumentar su utilización en agricultura, investigación y mejora genética. España participa en ECPGR desde su creación y el Ministerio de Agricultura ejerce como coordinador nacional.
El modelo evita construir una única instalación física continental. Cada institución mantiene el material del que es responsable y determinadas muestras adquieren la consideración de accesiones europeas. A partir de entonces deben conservarse siguiendo estándares acordados y permanecer disponibles bajo las condiciones establecidas por el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura.
La fórmula permite distribuir responsabilidades y aprovechar la especialización acumulada por los bancos nacionales. Una institución puede poseer décadas de experiencia en cereales, otra conservar colecciones de leguminosas y una tercera trabajar con hortícolas, frutales o especies silvestres relacionadas con los cultivos. AEGIS conecta esos fondos dentro de un inventario común y establece criterios destinados a asegurar que el material pueda conservarse y utilizarse con garantías comparables.
La tabla actual de la Colección Europea registra 120.312 accesiones. Entre ellas aparecen más de 1.200 del género Aegilops, estrechamente relacionado con el trigo, cerca de 1.800 del género Allium, al que pertenecen cebollas, ajos y puerros, y materiales pertenecientes a numerosos grupos cultivados y silvestres. La composición varía conforme los países incorporan, revisan o actualizan sus colecciones.
España aparece todavía ante la fase de selección. El memorando formaliza la pertenencia al sistema y abre el procedimiento para determinar qué instituciones y materiales nacionales asumirán posteriormente la condición de miembros asociados y accesiones europeas. El propio inventario de AEGIS aún carecía de entradas identificadas como españolas en su relación pública consultada este 17 de agosto.
España se convierte en el país número 36 de AEGIS, una red que conserva de forma distribuida alrededor de 120.000 accesiones vegetales europeas.
Un banco de germoplasma guarda posibilidades agronómicas
La utilidad de estas colecciones se comprende mejor al abandonar por un momento la imagen de una cámara frigorífica llena de semillas. Cada muestra conserva una combinación de genes seleccionada por la evolución, por generaciones de agricultores o por programas de mejora. En esa variabilidad pueden encontrarse características que hayan perdido importancia durante décadas y adquieran valor de nuevo cuando cambian las condiciones productivas.
Una variedad antigua puede presentar menor rendimiento que una moderna y conservar, a cambio, tolerancia frente a determinado estrés hídrico. Una población local puede haber desarrollado adaptación a temperaturas extremas. Un pariente silvestre de un cultivo puede poseer resistencia frente a una enfermedad que afecte a las variedades comerciales. El trabajo de conservación mantiene disponibles esas posibilidades para estudiarlas y, cuando resulte adecuado, incorporarlas a programas de mejora.
FAO considera los recursos fitogenéticos la base biológica de la producción agrícola y una de las principales materias primas utilizadas tanto por agricultores como por mejoradores. La diversidad genética permite que cultivos y variedades respondan a cambios ambientales y a nuevas limitaciones productivas.
La conservación adquiere por ello un horizonte temporal muy distinto del mercado agrícola inmediato. Un material guardado hoy puede permanecer décadas sin una aplicación comercial concreta y adquirir relevancia cuando aparezca una enfermedad, cambie el clima de una región o la investigación identifique una característica genética de interés.
Los bancos trabajan precisamente para conservar esa opción. La FAO establece estándares específicos sobre adquisición, secado, almacenamiento, control de viabilidad, regeneración, caracterización, documentación, distribución y duplicación de seguridad. Una semilla almacenada necesita continuar siendo viable y conservar la identidad genética de la muestra original cuando llega el momento de multiplicarla.
España dispone de una red de 35 bancos y colecciones
La entrada en AEGIS se apoya sobre una infraestructura nacional desarrollada durante décadas. La política española de recursos fitogenéticos se articula mediante el Programa Nacional de Conservación y Utilización Sostenible de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación, regulado por la Ley de Semillas de 2006 y por el reglamento aprobado en 2017.
La Red de Colecciones del Programa Nacional está constituida por 35 bancos, según la documentación del Ministerio de Agricultura. Estas instituciones mantienen colecciones activas distribuidas por el territorio y trabajan coordinadas con el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC, encargado además de una colección de seguridad y del Inventario Nacional.
Dentro de esa estructura conviven materiales de numerosos cultivos, variedades tradicionales, líneas de mejora y especies emparentadas con plantas agrícolas. El banco del IHSM La Mayora, por ejemplo, conserva colecciones de tomate, melón, aguacate y chirimoyo, junto con otros frutales y materiales silvestres. Su colección de tomate supera las 850 entradas y la de melón reúne cerca de 700, buena parte de ellas procedentes de variedades tradicionales españolas.
El Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC, situado en Alcalá de Henares, desempeña una función especialmente relevante en esta arquitectura. Entre sus servicios figuran la conservación de semillas a menos 20 grados, la regeneración de accesiones y el suministro de material vegetal para investigación y utilización mediante los correspondientes acuerdos de transferencia.
La selección para AEGIS deberá partir de esta diversidad institucional. La entrada española implica determinar qué colecciones reúnen las condiciones necesarias, qué muestras poseen especial interés europeo y qué instituciones pueden asumir los compromisos de conservación, documentación y disponibilidad establecidos por el sistema.
La operación persigue además racionalizar esfuerzos. Cuando varios países conservan duplicados equivalentes de un mismo material, la coordinación permite identificar qué accesiones poseen carácter único o especial relevancia y distribuir mejor las responsabilidades de mantenimiento. AEGIS plantea precisamente reducir duplicaciones innecesarias y liberar capacidad para tareas como caracterización, evaluación y estudio del germoplasma.
Guardar una semilla constituye solo la primera parte del trabajo
La conservación adquiere valor agrícola cuando el material puede localizarse, conocerse y utilizarse. Un banco que mantiene miles de muestras precisa información sobre procedencia, identidad, características, multiplicaciones realizadas y estado de conservación. La documentación resulta tan estratégica como la cámara donde permanece la semilla.
AEGIS conecta sus accesiones con EURISCO, el catálogo europeo que permite localizar recursos conservados en los bancos de germoplasma. La Colección Europea añade a esa documentación un compromiso común sobre la calidad del material y su disponibilidad para investigación, formación y programas de mejora.
España dispone de una estructura equivalente mediante el Inventario Nacional de Recursos Fitogenéticos. Cada entrada recibe un identificador único y la información es actualizada por el Centro de Recursos Fitogenéticos a partir de los datos aportados por las instituciones de la red. Ese sistema permite conocer qué material existe, dónde está depositado y qué institución asume su conservación.
El proceso posterior exige caracterizarlo. Saber que existe una semilla de trigo, judía, tomate o cebada representa únicamente el comienzo. Su potencial aumenta cuando los investigadores conocen su comportamiento frente a sequía, temperatura, enfermedades, calidad nutricional, ciclo vegetativo o características productivas.
La red europea EVA, creada por ECPGR en 2019, trabaja precisamente en esa dirección y conecta bancos, científicos y mejoradores para aumentar la información disponible sobre la diversidad conservada y favorecer su incorporación a programas de investigación y obtención vegetal.
Conservación y utilización forman así dos partes de una misma política. Las muestras necesitan permanecer seguras durante décadas y, al mismo tiempo, ser suficientemente conocidas para que un investigador pueda identificar cuál merece incorporarse a un ensayo.
La diversidad genética amplía las respuestas frente al clima
La incorporación española llega cuando la adaptación de la agricultura ocupa una parte creciente de la investigación agraria. Sequías prolongadas, temperaturas extremas y cambios en plagas y enfermedades modifican las condiciones bajo las que fueron seleccionadas numerosas variedades actuales.
El CSIC ha señalado este mismo verano al cambio climático como una de las principales amenazas para la diversidad genética y destaca que episodios extremos pueden favorecer nuevas plagas, desplazar poblaciones y acelerar pérdidas de variantes únicas. El problema funciona, por tanto, en ambas direcciones. La diversidad genética ayuda a responder al cambio ambiental y, al mismo tiempo, algunas de sus fuentes se encuentran expuestas a ese mismo cambio.
Esta circunstancia refuerza la complementariedad entre la conservación in situ, que mantiene especies y poblaciones dentro de sus ecosistemas para que continúen evolucionando, y la conservación ex situ, desarrollada mediante bancos de germoplasma que almacenan semillas y otros materiales en condiciones controladas. Ambas estrategias persiguen preservar diversidad desde aproximaciones diferentes.
España cuenta además con una estrategia específica para parientes silvestres de cultivos y plantas silvestres de uso alimentario. La documentación estatal ha detectado carencias de representación para determinados grupos dentro de los bancos nacionales, una señal de que conservar diversidad implica también identificar qué materiales siguen ausentes y priorizar nuevas recolecciones.
Los parientes silvestres poseen especial interés porque han evolucionado bajo presiones ambientales diferentes de las variedades cultivadas. Su apariencia o productividad puede resultar poco atractiva desde un punto de vista comercial inmediato y conservar rasgos genéticos útiles para programas posteriores de mejora.
De los bancos españoles a la copia de seguridad del Ártico
La seguridad del germoplasma se construye mediante duplicados. Mantener una única muestra en una sola instalación expone décadas de conservación a fallos técnicos, catástrofes, incendios, conflictos o cualquier otra incidencia capaz de destruir una colección.
España participa desde hace años en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en Noruega, donde deposita duplicados de seguridad procedentes de sus colecciones. El INIA-CSIC trabaja con el objetivo de que una parte creciente de las colecciones nacionales disponga tanto de copia en el Centro de Recursos Fitogenéticos como de una segunda salvaguarda en la infraestructura ártica.
Svalbard y AEGIS cumplen funciones diferentes. La instalación noruega actúa principalmente como copia de seguridad mundial. AEGIS organiza una colección europea distribuida cuyos materiales permanecen disponibles para investigación y mejora dentro de un marco común. Ambos modelos comparten una misma idea de fondo, repartir riesgos y garantizar que la pérdida de una colección concreta tenga el menor impacto posible sobre el patrimonio genético disponible.
El Tratado Internacional de la FAO proporciona el marco jurídico que articula buena parte de este intercambio. Su objetivo incluye facilitar a agricultores, científicos y mejoradores el acceso a material genético y establecer un sistema para compartir los beneficios derivados de su utilización.
AEGIS utiliza ese marco para distribuir las accesiones de su Colección Europea mediante acuerdos normalizados de transferencia. La cooperación científica se apoya así en reglas compartidas sobre conservación, acceso y utilización.
El valor de un banco de germoplasma reside tanto en mantener viable una semilla durante décadas como en conservar la información necesaria para que pueda utilizarse cuando la agricultura vuelva a necesitarla.
España deberá decidir ahora qué patrimonio genético aporta
La firma del memorando constituye el comienzo del proceso español. El Ministerio tendrá que identificar las instituciones capaces de incorporarse como miembros asociados y seleccionar junto a ellas las accesiones destinadas a la Colección Europea. Cada inclusión supondrá asumir obligaciones de conservación a largo plazo, calidad y disponibilidad.
La selección tendrá que conjugar representatividad e interés genético. AEGIS busca especialmente materiales únicos y relevantes para Europa y trata de organizar una colección suficientemente diversa con un nivel reducido de duplicación innecesaria.
España aporta a ese proceso una posición singular derivada de su diversidad agrícola, su variedad climática y una historia de intercambio vegetal estrechamente relacionada con el Mediterráneo y con la incorporación de cultivos procedentes de otros continentes. Esa riqueza queda reflejada hoy en colecciones repartidas entre centros públicos, universidades e instituciones de investigación.
Su incorporación a AEGIS añade ahora una escala europea a esa conservación. La muestra seguirá físicamente en el banco responsable. Su información pasará a integrarse en una estructura compartida y su mantenimiento formará parte de un compromiso que trasciende a la institución que la almacena.
La agricultura que utilice algún día ese material resulta imposible de anticipar con precisión. Puede tratarse de un programa que busque tolerancia al calor, resistencia frente a una nueva enfermedad, adaptación a menor disponibilidad de agua o características de calidad que hoy reciben poca atención. Esa incertidumbre constituye precisamente una de las razones para conservar diversidad.
Un banco de germoplasma trabaja con aquello que la agricultura ya ha sido para mantener abiertas las posibilidades de aquello que todavía puede llegar a ser.








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