Dieciséis mujeres procedentes de distintos puntos de España descubren este fin de semana una comarca casi desconocida a nivel nacional que ofrece la posibilidad de rodar charlando, sin preocuparse por el tráfico o los tramos técnicos complicados. Se trata de una iniciativa de Ernesto Carrera, gestor de la casa rural El Portal del Cerrato, que ha sabido conectar con dos de las comunidades de ciclismo femenino más importantes del país: Mujeres en Bici (con más de 80.000 seguidores en Instagram) y Ser Mujer Ciclista en su propuesta de enociclismo.
El Cerrato Camp se desarrolla durante tres jornadas en la casa rural El Portal del Cerrato, en Baños de Cerrato. El viernes tuvo lugar la llegada y toma de contacto. El sábado se desarrolla una ruta de aproximadamente 70 kilómetros por el territorio, seguida de actividades vinculadas al vino y la cultura local. El domingo continúa la experiencia con nuevas rutas, visitas a barrios de bodegas y espacios emblemáticos del Cerrato.
Caminos anchos donde ir charlando
«Como dicen ellas, nos gusta ir hablando a nuestro rollo», cuenta Ernesto, pero detrás hay mucho más. El Cerrato reúne características que lo convierten en territorio óptimo para la bicicleta gravel —esa mezcla entre montaña y carretera que llegó de Estados Unidos—. Carrera insiste en que «el Cerrato es ideal para este tipo de bicis, absolutamente ideal».
Las pistas son amplias y bien compactadas, los desniveles suaves y progresivos, la densidad de tráfico es prácticamente nula, hay alta conexión entre pueblos cada pocos kilómetros y patrimonio natural, histórico y etnográfico en cada lugar que enriquece cada parada. Todo ello acompañado de una característica fundamental: se puede ir de dos en dos charlando.

«El gravel es una disciplina que combina un poco la bici de carretera y la bici de montaña, es una mezcla. Básicamente es como una bici de carretera con ruedas anchas, que lo que te permite es tener una sensación más de viaje, un poco más de velocidad y tener la posibilidad de elegir en cualquier momento si quieres un camino, una carretera y combinarlo», explica Carrera.
Bodegas excavadas bajo los cerros
El recorrido se desarrolla desde lugares únicos. Tras pedalear entre lilas, campos de flores amarillas a punto de ser cosechadas, se encuentra lo inesperado. Para descubrirlo hay que bajar por una escalera estrecha. La temperatura cae de golpe. Arriba pueden ser treinta grados en agosto o cinco bajo cero en enero, pero dentro siempre marca entre doce y trece. Las paredes se excavaron a mano hace generaciones y el techo abovedado sostiene el peso del cerro o de la casa de arriba. En algunos casos, de la iglesia.
Estas bodegas subterráneas del Cerrato Palentino siguen cumpliendo, en algunos pueblos, su tarea original: mantener el vino a temperatura estable todo el año sin electricidad, solo con la inteligencia de quien entendió cómo funcionaba la tierra. En otros, sirven como lugar de encuentro y como atractivo turístico.
«Son secreto del Cerrato. Entre cerros que recuerdan la Toscana italiana, salvando las distancias, comentan que hay bodegas y miras el paisaje y no coincide con lo que estás viendo. ¿Dónde están los viñedos? ¿Dónde se encuentran? Cuando ves los barrios de bodegas lo entiendes todo. Es algo muy diferente y especial», explica Erkuden Almagro, de Mujeres en Bici, quien junto a Lorena realizó el primer viaje de exploración al territorio el año pasado.
Destino 41: del Cerrato para el mundo
Justamente este es el eje sobre el que Ernesto Carrera creó Destino 41, un proyecto de cicloturismo a través de Destiny Bike que conecta los 41 pueblos del Cerrato mediante una ruta circular de aproximadamente 410 kilómetros y más de 4.000 metros de desnivel positivo. «Las bodegas, los paisajes, las minas de yeso y los caminos entre cerros son nuestro hilo conductor, nuestra manera de unir a todos los pueblos, una propuesta que integra patrimonio, paisaje y tejido local para posicionar el Cerrato como destino cicloturista de referencia», explica Carrera, quien ha desarrollado el concepto de «enociclismo» en lugar de cicloturismo.
«Aquí se viene con tranquilidad, se viene sin prisa, se viene parando, se viene disfrutando de la gente, de los pastores, de hablar en un bar. Mucha tranquilidad», resume Ernesto Carrera sobre la filosofía que define la experiencia en el Cerrato.
La filosofía es clara. «La idea es que los participantes de esta actividad disfruten y conozcan esta zona en la que el gravel encuentra su mejor aliado, y beneficiar a todo el entorno económico y social del Cerrato Palentino. No solo a mi empresa, sino a todos». Por eso Carrera, que es de Astudillo y tiene vinculación directa con la comarca, insiste en que «esto es del Cerrato para el mundo».

Una exploración que convenció
El año pasado llegaron dos mujeres a Baños de Cerrato a conocer el territorio, representantes de Mujeres en Bici y Ser Mujer Ciclista, dos comunidades nacionales que organizan eventos solo para mujeres por toda España. Pasaron tres días rodando caminos, bajando a bodegas, comiendo en casas rurales. Les gustó la sencillez de los caminos, la anchura de las pistas, poder ir charlando sin preocuparse de tráfico o tramos técnicos.
Este fin de semana han vuelto con el grupo completo. «Es un fin de semana un poco especial porque vienen dos comunidades ciclistas que están por toda España, que son Mujeres en Bici y Ser Mujer Ciclista, y vienen 16 mujeres a conocer el Cerrato, de muchos puntos de España, a una zona que no conoce nadie desde la perspectiva del ciclismo tranquilo, que es el Cerrato Palentino», explica Carrera.
«Ser Mujer Ciclista es una comunidad de mujeres que buscamos ese lugar seguro para unirnos y simplemente dar pedales. Normalmente hacemos muchos campamentos, en España e incluso viajes al extranjero, con la única finalidad de disfrutar de la bicicleta y sobre todo de nosotras y de aportarnos muchísimo. Ahora, en el Cerrato hemos encontrado un refugio perfecto», explica Lorena, una de las organizadoras del Cerrato Camp.
De la basílica visigoda al Canal de Castilla
La ruta arranca en San Juan de Baños, junto a la basílica visigoda del año 661, una joya única en Europa que funcionó como portal de entrada y salida de la Hispania visigoda. Desde ahí el viaje atraviesa siglos. Tras la acogida en la Casa Rural, las participantes recorrieron ese templo visigodo. Pero durante el fin de semana atraviesan todas las épocas.
La Edad Media, que convirtió el Cerrato en zona de frontera entre la Meseta Norte y la campiña del Duero. Palenzuela, Astudillo, Dueñas y Torquemada conservan murallas, monasterios, castillos y puentes para conocer tranquilamente pedaleando por los caminos y carreteras de la comarca. El Canal de Castilla se suma a antiguos caminos de trashumancia y molinos y los ya mencionados barrios de bodegas que dan nombre al enociclismo.
«Cada pueblo suma una capa del relato, cada tramo es una página, cada pedalada una cita con el pasado», resume Ernesto.
Apoyo de ADRI Cerrato Palentino
El proyecto cuenta con el respaldo de ADRI Cerrato Palentino, la asociación para el desarrollo rural de la comarca constituida en 2000. Como Grupo de Acción Local gestiona el programa LEADER 2023-2027 después de haber ejecutado PRODERCAL 2000-2006, LEADERCAL 2007-2013 y LEADER 2014-2020.
La organización integra ayuntamientos, asociaciones, empresas, cooperativas y organizaciones agrarias, aplicando la estrategia bottom-up que permite diseñar actuaciones desde las necesidades reales de la población. Miguel Portillo, gerente, valora iniciativas como Destino 41 porque vertebran territorio y generan economía distribuida en lugar de concentrarla en un solo punto.
Para llegar al Cerrato desde Madrid hay 235 kilómetros, desde Bilbao 180, desde Santander 145. Palencia funciona como nodo ferroviario con conexiones a las principales ciudades. Desde allí el Cerrato está a un paso por carreteras comarcales que atraviesan Dueñas, Torquemada, Baltanás y Astudillo.








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