Natalia Martínez Reyes recibe uno de los seis galardones de #HiloTesis por explicar en Instagram una investigación sobre la vomitoxina, un contaminante asociado a hongos que afectan a los cereales y que puede aparecer en alimentos cotidianos.
La investigadora Natalia Martínez Reyes, de la Universidad de León, ha obtenido uno de los seis premios nacionales de la sexta edición de #HiloTesis, el concurso de divulgación científica impulsado por CRUE y RedDivulga, por acercar a la sociedad, a través de Instagram, una investigación centrada en la búsqueda de microorganismos capaces de degradar la vomitoxina, una toxina producida por hongos que afectan a los cereales.

Una investigación de la ULE salta del laboratorio a Instagram
El trabajo premiado fue publicado en formato carrusel en el perfil de Instagram @dra.natalysis. A través de once imágenes, Martínez Reyes explica una investigación desarrollada en la Universidad de León que busca nuevas estrategias para reducir la presencia de una toxina invisible en alimentos de consumo habitual como el pan, la cerveza o distintos productos derivados de cereales.
La propuesta ha sido reconocida por su capacidad para traducir un problema complejo de seguridad alimentaria a un lenguaje comprensible, sin perder el rigor científico. #HiloTesis premia precisamente esa habilidad: convertir investigaciones universitarias en relatos accesibles para públicos no especializados, utilizando el potencial de las redes sociales como espacio de divulgación.
El galardón sitúa a la investigadora leonesa entre las seis propuestas seleccionadas por el jurado en una edición con 255 participantes procedentes de 53 universidades españolas. El premio está dotado con 500 euros gracias a la colaboración de la Fundación Ignacio Larramendi.
La vomitoxina, un contaminante asociado a los cereales
La investigación de Natalia Martínez Reyes se centra en la vomitoxina, una toxina producida por hongos del género Fusarium. Estos microorganismos pueden afectar a cultivos de cereales y favorecer la presencia del contaminante en alimentos elaborados a partir de ellos. Su relevancia radica en que puede llegar a productos cotidianos y no siempre resulta perceptible para el consumidor.
A diferencia de otros contaminantes, según explica la investigadora, la vomitoxina no desaparece durante el cocinado ni durante el procesado de los alimentos. Esta característica complica su control y puede tener consecuencias para la seguridad alimentaria y para el valor económico de las cosechas afectadas.
El problema no se limita al laboratorio. En una cadena agroalimentaria cada vez más exigente, la presencia de toxinas asociadas a hongos plantea retos para agricultores, industrias transformadoras, sistemas de control y consumidores. La investigación busca avanzar en soluciones que permitan reducir el contaminante sin dañar los alimentos.
Microorganismos del suelo como posibles aliados
El trabajo premiado explora el potencial de determinados microorganismos presentes en suelos agrícolas como herramientas naturales para degradar la vomitoxina. La investigación parte del análisis de muestras recogidas en terrenos afectados por el hongo, con el objetivo de identificar bacterias capaces de actuar sobre la toxina de forma segura.
En ese proceso se identificó una bacteria denominada Z13, capaz de degradar la vomitoxina sin generar sustancias tóxicas. El hallazgo abre una vía de estudio para desarrollar estrategias naturales frente a contaminantes alimentarios persistentes, aunque la propia investigadora subraya que todavía será necesario avanzar antes de trasladar estos resultados a aplicaciones prácticas.
“Nuestra misión era buscar una aguja en un pajar: encontrar entre la enorme diversidad de microorganismos del suelo una bacteria capaz de degradar la vomitoxina y que, además, fuera segura para las personas y los animales”, explica Martínez Reyes.
Una línea prometedora que aún necesita más investigación
La identificación de la bacteria Z13 supone un paso relevante dentro de una investigación orientada a encontrar soluciones biológicas frente a toxinas alimentarias. Sin embargo, el alcance del resultado debe interpretarse con prudencia científica: se trata de una vía de trabajo que requiere más estudios antes de convertirse en una herramienta aplicable en campo, industria o sistemas de control alimentario.
“Todavía es necesaria más investigación antes de que estos resultados puedan traducirse en aplicaciones prácticas, pero supone un paso importante para desarrollar nuevas herramientas frente a este tipo de contaminantes”, señala Martínez Reyes.
La precisión de esa advertencia resulta esencial. El valor del trabajo no reside en presentar una solución inmediata, sino en abrir una posibilidad científica frente a un problema real. La investigación universitaria avanza precisamente en ese territorio: identificar mecanismos, comprobar su seguridad y evaluar si pueden convertirse, con el tiempo, en recursos útiles para el sector agroalimentario.
#HiloTesis premia la ciencia explicada en redes sociales
El concurso #HiloTesis, promovido por la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas junto a la Red de Divulgación y Cultura Científica, busca acercar la investigación universitaria a la sociedad mediante formatos digitales. En esta sexta edición, los participantes difundieron durante el mes de mayo sus trabajos a través de Instagram.
La propuesta de Martínez Reyes ha sido seleccionada junto a investigaciones procedentes de las universidades de Santiago de Compostela, Illes Balears, Jaume I, Sevilla y Camilo José Cela. La diversidad de temas reconocidos muestra el papel creciente de la divulgación científica como puente entre la universidad y una ciudadanía que consume información en formatos cada vez más visuales, breves y compartibles.
En el caso de la investigadora de la ULE, el mérito reside en haber convertido un asunto técnico —hongos, toxinas, microorganismos del suelo y seguridad alimentaria— en una narración clara, visual y comprensible. Esa capacidad de mediación resulta cada vez más necesaria para que el conocimiento generado en los laboratorios universitarios no quede restringido a publicaciones especializadas.
La Universidad de León refuerza su papel divulgador
El reconocimiento obtenido por Natalia Martínez Reyes aporta visibilidad a la investigación desarrollada en la Universidad de León y refuerza el papel de la divulgación como parte de la actividad científica. La transferencia de conocimiento no depende solo de patentes, publicaciones o proyectos, también de la capacidad de explicar a la sociedad por qué una investigación importa y qué problemas intenta resolver.
La investigación sobre la vomitoxina conecta ciencia básica, seguridad alimentaria, agricultura y consumo cotidiano. Su difusión en Instagram permite que un tema habitualmente reservado a ámbitos especializados llegue a nuevos públicos sin perder el vínculo con la evidencia científica.
Con este premio, la ULE suma presencia en una iniciativa nacional que reconoce no solo la calidad de los trabajos de investigación, sino también la forma en que sus protagonistas los comunican. En un contexto de sobreinformación, la ciencia necesita voces capaces de explicar con claridad, medir el alcance de los resultados y acercar el laboratorio a la vida diaria.








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