Castilla y León refuerza el sector del piñón con ayudas, investigación contra la chinche del pino, trazabilidad y nuevas plantaciones.

La Mesa Regional del Piñón ha situado la ampliación de las plantaciones de pino piñonero injertado, el control de Leptoglossus occidentalis, la trazabilidad de la piña y la experimentación con trufa entre las prioridades para fortalecer una producción forestal de alto valor. La nueva convocatoria autonómica dispone de 2,5 millones de euros para distintas plantaciones forestales y admite solicitudes hasta el 25 de septiembre.

La Junta de Castilla y León ha reforzado este agosto su estrategia para el sector del piñón en Castilla y León a través de la Mesa Regional del Piñón, el foro que reúne a administraciones, entidades locales, propietarios forestales, investigadores, universidades e industria transformadora. El trabajo acordado combina nuevas plantaciones, sanidad forestal, investigación y trazabilidad con el objetivo de aumentar la producción y mejorar la competitividad de un aprovechamiento ligado de forma directa a los pinares de Pinus pinea y a la actividad económica del medio rural.

La reunión coloca sobre la misma mesa los principales condicionantes de la cadena. El primero aparece antes incluso de que el árbol entre en producción y afecta a la capacidad de ampliar superficies mediante material injertado. El segundo llega directamente a las piñas a través de Leptoglossus occidentalis, una especie invasora capaz de provocar daños severos sobre el fruto. A ellos se suman la sustracción durante la recolección, el seguimiento del producto hasta la industria y la búsqueda de aprovechamientos complementarios capaces de elevar la rentabilidad de las plantaciones.

La respuesta que plantea la Administración autonómica combina financiación pública e investigación aplicada. La Consejería de Medio Ambiente y Energía ha convocado ayudas para plantaciones forestales de alto valor con un presupuesto de 2,5 millones de euros dentro del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027. El plazo de solicitudes alcanza el 25 de septiembre y entre las actuaciones elegibles figuran las plantaciones de pino piñonero injertado orientadas a la producción de fruto.

Las ayudas al pino piñonero buscan ampliar la base productiva

El modelo de apoyo comprende los costes de plantación, cerramientos y protectores, además de una prima de mantenimiento durante cinco años. Esta combinación resulta especialmente significativa en una producción forestal cuyo horizonte temporal difiere del de los cultivos agrícolas anuales y exige asumir inversión, implantación y cuidados antes de alcanzar una fase comercial consolidada.

La convocatoria anterior permite observar la distribución de ese interés inversor. La Junta subvencionó entonces cerca de 444 hectáreas de especies forestales de alto valor, entre las que 44 hectáreas correspondieron a pino piñonero injertado. Una de cada diez hectáreas apoyadas en aquella línea se destinó, por tanto, a esta producción.

El injerto ocupa un lugar específico dentro de la estrategia porque transforma parte de la lógica tradicional del pinar. El árbol sigue siendo una especie forestal, mientras la gestión se aproxima en determinados aspectos a un cultivo productor de fruto. La selección del material vegetal, la disposición de la plantación, el mantenimiento y el manejo posterior adquieren así un peso creciente cuando la finalidad prioritaria se concentra en la cosecha de piña.

La política autonómica integra estas plantaciones dentro de una categoría más amplia de producciones forestales de elevado valor. La misma convocatoria incorpora otros modelos ligados a madera de calidad, castaño y especies micorrizadas para producción de trufa, lo que refleja una orientación hacia montes capaces de generar productos diferenciados además de los aprovechamientos madereros convencionales.

La rentabilidad futura del piñonero depende, sin embargo, de algo más que aumentar el número de árboles productores. La cantidad y calidad del fruto determinan el rendimiento final de una cadena en la que intervienen propietarios, recolectores, almacenistas y transformadores. En ese punto, la sanidad forestal ha pasado a ocupar una posición central.

La convocatoria anterior apoyó 44 hectáreas de pino piñonero injertado dentro de las casi 444 hectáreas destinadas a especies forestales de alto valor.

La chinche del pino concentra el principal reto sanitario

El nombre científico de una de las mayores amenazas del sector aparece desde hace años en laboratorios y pinares de la Comunidad. Leptoglossus occidentalis, conocido como chinche americana de las coníferas o chinche del pino, procede de Norteamérica y se alimenta de piñas y semillas. Su expansión por la cuenca mediterránea ha coincidido con importantes pérdidas de rendimiento del piñón blanco y con el denominado síndrome de la piña seca.

La Mesa Regional ha analizado los trabajos que desarrollan conjuntamente el Centro de Sanidad Forestal de Calabazanos y el Laboratorio de Entomología y Patología Forestales de la Universidad de Valladolid. Las investigaciones abarcan el ensayo de distintos modelos de trampas, técnicas de captura masiva, estudios sobre dispersión, sistemas de atracción y métodos de control biológico mediante hongos entomopatógenos.

La dimensión económica de la plaga procede de su capacidad para deteriorar el fruto antes de la cosecha. La información trasladada por la Junta sitúa las reducciones potenciales de producción por encima del 50 %. El Instituto Universitario de Investigación en Gestión Forestal Sostenible de la Universidad de Valladolid eleva hasta el 80 % las pérdidas registradas en determinadas situaciones y vincula además la presencia del insecto con dificultades en la regeneración natural de los pinares.

La investigación desarrollada en Castilla y León aporta una lectura todavía más detallada del problema. Una tesis defendida en la Universidad de Valladolid en 2024 relacionó directamente a Leptoglossus occidentalis con el síndrome de la piña seca y constató que la severidad del daño varía según el momento en el que el insecto se alimenta durante el desarrollo de la piña y del piñón. Los ensayos mostraron mortalidades muy elevadas en determinadas fases y una disminución de la gravedad conforme avanza la maduración.

Ese comportamiento obliga a conocer cuándo aparece la plaga, cómo se desplaza y en qué periodo resulta más vulnerable. Una trampa eficaz pierde gran parte de su utilidad cuando llega tarde al ciclo biológico del insecto. La investigación sobre atrayentes, dispersión y captura adquiere por ello una dimensión práctica para diseñar sistemas de seguimiento capaces de anticipar los momentos de mayor riesgo.

El control biológico abre otra línea de investigación

La utilización de hongos entomopatógenos representa uno de los caminos que estudian los equipos científicos. Estos microorganismos pueden infectar determinados insectos y se investigan como herramientas de control biológico dentro de estrategias de manejo integrado de plagas. El laboratorio forestal del iuFOR de la Universidad de Valladolid mantiene líneas específicas sobre insectos invasores y dispone de colecciones de hongos entomopatógenos empleadas en trabajos experimentales.

La búsqueda de enemigos naturales alcanza también a los parasitoides. La investigación de la Universidad de Valladolid identificó dos especies nativas, Ooencyrtus pityocampae y Ooencyrtus obscurus, asociadas a huevos de Leptoglossus occidentalis. Los resultados atribuyeron a la segunda un impacto superior sobre la población estudiada, aunque su comportamiento presentó diferencias respecto al principal enemigo natural de la chinche en Norteamérica.

El valor de estos trabajos reside en construir una estrategia sanitaria basada en varias herramientas. Seguimiento, trampeo, conocimiento de la fenología, captura y control biológico pueden actuar en diferentes fases. La investigación adquiere así una relación directa con la producción forestal y con la capacidad de los propietarios para anticipar daños antes de que la pérdida aparezca al abrir la piña.

Esta conexión entre ciencia y monte explica la composición de la propia Mesa Regional. La presencia conjunta de la Administración, centros de investigación, universidades, propietarios e industria permite trasladar los problemas observados durante la campaña hacia líneas experimentales y, en sentido inverso, acercar al sector los resultados obtenidos en laboratorio y campo.

La Universidad de Valladolid ha relacionado a Leptoglossus occidentalis con el síndrome de la piña seca y ha comprobado que el daño cambia según la fase de desarrollo del fruto.

La trazabilidad empieza en el pinar y termina en la industria

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Piñones a la venta en IFEZA. Foto: E.DUQUE

La sanidad constituye una parte del problema productivo. La otra aparece cuando la piña alcanza valor comercial. La Mesa Regional ha abordado nuevas actuaciones dirigidas a prevenir sustracciones durante la campaña, intensificar el control y reforzar la trazabilidad de la materia prima que entra en las instalaciones de transformación.

El seguimiento del origen cumple varias funciones dentro de una cadena forestal. Permite relacionar la mercancía con una procedencia determinada, mejora el control sobre los movimientos de producto y proporciona mayor capacidad para diferenciar la cosecha obtenida legalmente de la que accede a los circuitos comerciales tras una extracción irregular.

El robo de piñas posee además una particularidad respecto a otros delitos sobre productos agrícolas o forestales. La sustracción afecta a un fruto que permanece durante un periodo prolongado en el árbol y cuya recolección se concentra en una campaña concreta. Una extracción realizada antes de la entrada del propietario o del adjudicatario puede eliminar en pocas horas una parte de la renta generada durante todo el ciclo productivo.

De ahí que la trazabilidad industrial adquiera una función complementaria a la vigilancia sobre el terreno. El control en origen actúa en el pinar y el seguimiento en destino permite observar qué producto alcanza almacenes y transformadoras. La coordinación entre ambos extremos resulta esencial para reducir los espacios de comercialización de mercancía procedente de sustracciones.

La Mesa reúne precisamente a actores situados a ambos lados de esa cadena. Entidades locales y propietarios gestionan buena parte del recurso forestal, mientras la industria recibe y transforma la piña. La eficacia de los sistemas de control depende de que la información acompañe al producto durante ese recorrido.

Piñón y trufa ensayan una posible convivencia productiva

La reunión ha incorporado además una línea que mira más allá de la producción exclusiva de piña. La Fundación CESEFOR desarrolla trabajos experimentales para evaluar la compatibilidad del pino piñonero injertado con la producción de trufa mediante planta micorrizada.

La idea introduce un elemento de diversificación en la economía de una plantación forestal. El piñón procede de la parte aérea del árbol y la trufa desarrolla su ciclo asociada al sistema radicular de determinadas plantas hospedantes. La experimentación trata de determinar si ambos aprovechamientos pueden compartir espacio y manejo con resultados técnicamente viables.

Su interés económico procede de la posibilidad de generar dos producciones de elevado valor en una misma superficie. La viabilidad dependerá de los resultados experimentales, las condiciones edafoclimáticas, la compatibilidad entre planta e hongo y el comportamiento a largo plazo de las parcelas, aspectos que explican el carácter todavía experimental de los trabajos.

La diversificación encaja además con una tendencia más amplia en la gestión forestal que busca aumentar el rendimiento de productos distintos de la madera. Piñón, resina, castaña, hongos o trufa forman parte de economías vinculadas al monte cuya continuidad depende tanto de las condiciones ecológicas como de la existencia de cadenas comerciales capaces de remunerar el aprovechamiento.

El sector del piñón conecta monte, industria e investigación

Las medidas abordadas por la Mesa Regional dibujan una cadena productiva en la que cada eslabón condiciona al siguiente. La plantación establece la futura capacidad de producción. La gestión determina el desarrollo del arbolado. La sanidad influye sobre la cantidad de fruto que llega a término. La recolección convierte la piña en recurso comercial. La trazabilidad protege su origen y la industria transforma finalmente la cosecha.

Esta estructura explica que la política sobre el piñón se haya desplazado desde actuaciones aisladas hacia una coordinación sectorial más amplia. Una nueva plantación ofrece escaso rendimiento económico cuando la plaga reduce drásticamente el fruto. El control sanitario pierde parte de su efecto cuando la cosecha desaparece mediante una sustracción. La mejora de la producción necesita a su vez una industria capaz de absorber, transformar y comercializar el producto.

La Mesa Regional del Piñón funciona en ese espacio de interdependencia. La convocatoria de 2,5 millones para producciones forestales de alto valor aporta financiación a la fase inicial, mientras los laboratorios trabajan sobre uno de los principales factores de pérdida y las medidas de trazabilidad actúan en el tramo comercial. La experimentación con trufa introduce, finalmente, una posible vía adicional para incrementar el rendimiento de las superficies.

El calendario inmediato queda marcado por el 25 de septiembre, fecha límite para solicitar las nuevas ayudas. A medio plazo, el avance dependerá de la evolución de las plantaciones injertadas, de los resultados obtenidos frente a Leptoglossus occidentalis y de la capacidad de convertir los ensayos científicos en herramientas aplicables sobre el terreno.

La siguiente campaña volverá a ofrecer una medida concreta de ese trabajo. El volumen y la calidad de las piñas que lleguen a la recolección reflejarán la interacción entre arbolado, meteorología, sanidad, manejo y vigilancia. Sobre esa materia prima continuará trabajando una cadena que busca aumentar su capacidad productiva mientras la ciencia intenta reducir uno de los factores que más comprometen el rendimiento del pinar.


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