Las bodegas Emina Ribera del Duero y Emina Rueda superan el 20 % de energía renovable autogenerada exigido por International Wineries for Climate Action y acreditan una reducción continuada de las emisiones por litro de vino

Bodega Emina ha alcanzado la categoría Gold de International Wineries for Climate Action (IWCA) después de superar el 20 % de energía renovable generada en sus propias instalaciones y acreditar una reducción continuada de las emisiones de gases de efecto invernadero por litro de vino producido. El reconocimiento alcanza a Emina Ribera del Duero, en Valbuena de Duero, y Emina Rueda, en Medina del Campo, que hasta ahora formaban parte de la alianza internacional en el nivel Silver. Según la bodega, el ascenso sitúa a Emina entre las seis compañías vitivinícolas españolas que han alcanzado esta categoría.

El salto de Silver a Gold implica algo más que utilizar electricidad de origen renovable. IWCA exige que al menos el 20 % de toda la energía consumida en las operaciones de vinificación sea producida mediante renovables dentro de las propias instalaciones, además de mantener inventarios de emisiones de los alcances 1, 2 y 3 verificados por terceros y demostrar reducciones sostenidas respecto al año de referencia. Todos sus miembros deben comprometerse, además, con las cero emisiones netas en 2050.

Del autoconsumo al inventario completo

Viñedos de Emina Ribera del Duer

Emina asegura que desde 2020 toda la electricidad utilizada por sus dos bodegas procede de las instalaciones fotovoltaicas propias o de energía adquirida con certificados de origen renovable. Bajo este sistema de contabilización, la compañía sitúa en cero sus emisiones de alcance 2, correspondientes a la electricidad comprada.

Ese dato requiere distinguir electricidad renovable y autoconsumo. Los certificados de garantía de origen permiten contabilizar la electricidad adquirida mediante el método de mercado del GHG Protocol, siempre que cumplan sus criterios de calidad, pero el nivel Gold de IWCA introduce una condición adicional: una parte mínima del consumo energético debe proceder de generación renovable en la propia bodega.

La evaluación climática tampoco termina en la factura eléctrica. El alcance 1 contabiliza las emisiones directas de la actividad, como combustibles utilizados en maquinaria y vehículos o determinadas emisiones relacionadas con las prácticas agrícolas. El alcance 3 se extiende hacia proveedores, fabricación de envases, materiales auxiliares, logística y distribución, es decir, actividades que la bodega no ejecuta directamente pero que forman parte de la huella final del vino.

El nivel Gold exige medir los tres alcances, autogenerar al menos el 20 % de la energía consumida y reducir de forma continuada las emisiones por litro de vino.

Menos combustible y cambios en el viñedo

En sus emisiones directas, Emina cifra en un 26 % la reducción asociada al uso de combustibles fósiles. Entre las medidas aplicadas figuran la incorporación progresiva de vehículos eléctricos y sistemas digitales para registrar el funcionamiento de los tractores, ajustar recorridos y reducir consumos durante los trabajos agrícolas.

La compañía declara además haber eliminado las emisiones que atribuye a la fertilización en las parcelas incluidas en su inventario mediante producción integrada y ecológica y sistemas de fertirrigación que ajustan agua y nutrientes a cada viñedo. El dato forma parte de la información ambiental aportada por la propia bodega y deberá entenderse dentro de la metodología y del perímetro concreto utilizado en su inventario de emisiones.

La precisión en estos cálculos resulta especialmente importante en el sector vitivinícola porque la huella de una botella se reparte entre numerosas fases: cultivo de la uva, elaboración, consumo energético, fabricación del vidrio, embalaje y transporte hasta el mercado final.

La botella desplaza el reto hacia el alcance 3

Una vez reducidas las emisiones asociadas a la electricidad, buena parte del margen de mejora se traslada precisamente hacia el alcance 3, el más complejo porque obliga a actuar sobre proveedores y materiales que la empresa compra.

Emina ha empezado a intervenir en ese ámbito mediante botellas de menor peso, reducción del vidrio utilizado, etiquetas de papel reciclado, disminución del cartón interior de las cajas y otros cambios en los materiales de embotellado. También ha instalado puntos de recarga de vehículos eléctricos en las dos bodegas y en almacenes agrícolas.

La reducción del peso de las botellas tiene una incidencia particularmente relevante. Los datos agregados de los miembros de IWCA sitúan envases y transporte por encima del 40 % de las emisiones climáticas de una bodega de media. El vidrio pesa por partida doble: durante su fabricación necesita temperaturas muy elevadas y, posteriormente, cuanto mayor es la botella, mayor resulta también la carga que debe desplazarse durante la distribución.

Por ello, la descarbonización del vino comienza cada vez menos en una única instalación. Una bodega puede electrificar procesos, instalar paneles solares o reducir el consumo del tractor, pero alcanzar las cero emisiones netas exige intervenir también sobre vidrieras, embalajes, transporte y otros proveedores.

Dos sistemas para medir avances climáticos

Emina combina su participación internacional en IWCA con la certificación española Sustainable Wineries for Climate Protection Plus, desarrollada por la Federación Española del Vino.

La categoría Plus exige a las bodegas un mínimo del 15 % de energía renovable autogenerada, una reducción acreditada de al menos el 15 % de la huella de carbono en los alcances 1, 2 y 3 y un objetivo de reducción del 35 % para 2030.

El sistema español ha crecido con rapidez. La FEV cerró 2025 con 142 bodegas certificadas en alguna de las categorías de Sustainable Wineries for Climate Protection y en febrero de 2026 señalaba que la cifra ya superaba las 148. Castilla y León figura, junto a La Rioja y Cataluña, entre los territorios con mayor implantación de esta certificación.

IWCA trabaja con una escala diferente y específicamente climática. Para acceder al nivel Silver exige un inventario completo de gases de efecto invernadero de los tres alcances, verificado externamente y elaborado conforme al GHG Protocol y a ISO 14064. Gold añade autoconsumo renovable y reducción continuada de la intensidad de emisiones.

El objetivo continúa en 2050

«Alcanzar el nivel Gold de IWCA supone un importante reconocimiento al trabajo desarrollado durante los últimos años, pero, sobre todo, representa un compromiso para seguir reduciendo nuestras emisiones», señala Paloma Moro, presidenta de Bodega Emina. «El reto ahora es continuar progresando en los tres alcances y colaborar con otras bodegas para acelerar la descarbonización de todo el sector».

La categoría alcanzada certifica, por tanto, un punto intermedio y no la neutralidad climática de las bodegas. El objetivo de IWCA continúa fijado en cero emisiones netas como máximo en 2050, con reducciones progresivas que deben poder comprobarse mediante nuevos inventarios y auditorías.

Para Emina, después de avanzar sobre electricidad, fertilización y combustibles, el recorrido se desplaza cada vez más hacia aquellos elementos que rodean al propio vino. Aligerar una botella, reducir cartón o modificar la logística puede parecer menos visible que una cubierta fotovoltaica, pero es precisamente en esa cadena de valor donde el sector conserva una de sus mayores bolsas de emisiones.


Deja un comentario

sobre nosotros

aGrural es tu medio de comunicación digital especializado en información sobre agricultura, ganadería, desarrollo rural y actualidad del sector agroalimentario y gastronómico en España

Explora más

Descubre más desde ag actualidad rural

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo