La Junta de Castilla y León ha notificado dos brotes en Íscar y Megeces, con alrededor de 219.000 aves afectadas entre una explotación de broilers y otra de pollitas de recría.

Las autoridades veterinarias de la Junta de Castilla y León han notificado dos nuevos focos de enfermedad de Newcastle en la provincia de Valladolid, situados en los municipios de Íscar y Megeces, ambos en la comarca de Olmedo. La actualización oficial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del 6 de julio elevaba a 13 los focos comunicados en la zona, aunque el registro RASVE incorpora notificaciones posteriores y mantiene abierta la evolución epidemiológica.

El primer foco afecta a una granja de broilers en Íscar, próxima a otros brotes detectados recientemente en el mismo municipio. El segundo se ha localizado en una explotación de gallinas de recría en Megeces, a unos nueve kilómetros de los focos de Íscar. En ambos casos, el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete ha confirmado por PCR la presencia de una cepa velogénica del virus.

Una granja de Íscar con 38.000 broilers

La explotación de Íscar cuenta con un censo aproximado de 38.000 broilers y no se encontraba vacunada frente a la enfermedad. La sospecha fue comunicada el 3 de julio después de detectarse un aumento de la mortalidad equivalente al 1,3 % del censo.

La granja pertenece a la misma integradora que otros focos registrados previamente en la provincia. Esta relación resulta relevante para la investigación epidemiológica, ya que los servicios veterinarios deben reconstruir movimientos de personas, vehículos, materiales, piensos y otros posibles vínculos entre explotaciones.

La proximidad geográfica con focos ya confirmados en Íscar refuerza la vigilancia en el entorno inmediato. El municipio se ha convertido en uno de los puntos de mayor concentración dentro del episodio sanitario declarado en Valladolid.

Megeces registra un foco en una explotación de recría

El segundo nuevo foco se ha confirmado en una granja de gallinas de recría de Megeces, con un censo aproximado de 181.000 pollitas. En este caso, la explotación estaba vacunada con una dosis frente a la enfermedad.

La sospecha también se comunicó el 3 de julio, tras observarse un incremento de la mortalidad del 0,97 % del censo. La granja pertenece a la misma integradora que otro foco previamente declarado, un dato que se incorpora a la encuesta epidemiológica para identificar conexiones y posibles vías de exposición.

La detección en una explotación de recría amplía el alcance productivo del brote, que ya afecta a distintos tipos de granjas avícolas. La situación exige mantener la vigilancia tanto en explotaciones de carne como en ponedoras, recría y otros establecimientos con aves sensibles.

Algete confirma una cepa velogénica

Las muestras tomadas por los Servicios Veterinarios Oficiales de la Junta de Castilla y León fueron remitidas al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, centro nacional de referencia para la enfermedad de Newcastle en España.

El análisis confirmó la presencia de una cepa velogénica, la forma de mayor virulencia del virus. La enfermedad de Newcastle puede presentarse de forma lentogénica o leve, mesogénica o moderada y velogénica o muy virulenta, según la clasificación recogida por el Ministerio de Agricultura.

La confirmación de una cepa virulenta activa medidas inmediatas de control. La enfermedad está incluida entre las de declaración obligatoria y su detección debe notificarse de forma inmediata, salvo determinadas excepciones previstas para columbiformes y animales silvestres.

Las granjas han quedado inmovilizadas

Los Servicios Veterinarios Oficiales han aplicado las medidas previstas en el Reglamento Delegado 2020/687. Entre ellas figuran la inmovilización inmediata de las explotaciones afectadas desde la fecha de sospecha, la encuesta epidemiológica, el vacío sanitario y la destrucción de cadáveres, pienso y otros materiales que pudieran vehicular el virus en una planta autorizada.

La inmovilización impide movimientos que puedan favorecer la diseminación. La encuesta epidemiológica permite rastrear entradas y salidas de animales, vehículos, personal, materiales o servicios relacionados con las explotaciones afectadas.

El vacío sanitario forma parte de la estrategia de erradicación ante enfermedades de alta capacidad de difusión. Su ejecución se acompaña de limpieza, desinfección y gestión controlada de residuos para reducir la persistencia del virus en el entorno de las granjas.

La zona de restricción ya solapa focos anteriores

Alrededor de los focos se han establecido zonas de restricción. En los radios de tres y diez kilómetros hay 31 y 20 explotaciones comerciales con censo, respectivamente, aunque todas ellas ya estaban incluidas en zonas de restricción derivadas de focos anteriores.

Este solapamiento muestra la concentración del episodio en un área avícola muy vigilada. Las restricciones afectan a movimientos, controles sanitarios y actuaciones de seguimiento dentro de las explotaciones incluidas en los radios establecidos.

La delimitación territorial permite organizar la respuesta oficial y priorizar inspecciones, toma de muestras y medidas de bioseguridad. También facilita informar al sector sobre las obligaciones aplicables a cada explotación según su ubicación.

El virus pertenece al genotipo VII.2

La secuenciación parcial realizada por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete indica que el virus circulante en Valladolid pertenece al genotipo VII.2. Este subtipo es diferente al detectado en los focos de Valencia, clasificados como genotipo VII.1.1, lo que apoya el descarte de un vínculo epidemiológico entre ambos brotes.

La caracterización genética permite comparar virus detectados en distintas zonas y conocer si los episodios comparten un origen probable. En este caso, la diferencia de genotipo apunta a eventos epidemiológicos separados.

Este análisis resulta esencial para orientar la investigación. No solo confirma la enfermedad, sino que ayuda a interpretar su circulación, las posibles entradas del virus y las relaciones entre focos próximos o alejados.

Bioseguridad y vigilancia pasiva

El Ministerio de Agricultura recomienda reforzar la vigilancia pasiva en granjas avícolas y aves silvestres. Cualquier sospecha de enfermedad debe comunicarse a los servicios veterinarios oficiales, especialmente ante aumentos de mortalidad, signos respiratorios, manifestaciones nerviosas, diarrea, depresión o caídas productivas.

La bioseguridad constituye la principal barrera de entrada del virus. Las medidas incluyen controlar accesos, limitar visitas, desinfectar vehículos y equipos, separar circuitos limpios y sucios, proteger agua y pienso, y evitar el contacto con aves silvestres.

El MAPA subraya de forma específica la necesidad de impedir ese contacto. La enfermedad puede encontrarse de forma natural en aves silvestres y afectar a aves domésticas en cualquier lugar del mundo, motivo por el que muchos países aplican políticas de vacunación.

La vacuna reduce el riesgo de diseminación

La vacunación no garantiza una protección absoluta, pero el Ministerio recuerda que reduce el riesgo de infección y disminuye la cantidad de virus excretado por aves vacunadas que llegan a infectarse. Esa menor excreción limita la posibilidad de diseminación hacia nuevas granjas.

La diferencia entre las dos nuevas explotaciones muestra la complejidad del control sanitario. Una de las granjas no estaba vacunada y la otra había recibido una dosis, aunque ambas terminaron confirmadas como focos.

La eficacia de los programas vacunales depende del producto empleado, la pauta, el momento de aplicación, la respuesta inmunitaria de los animales y la presión de infección en el entorno. Por ello, la vacunación debe integrarse siempre con bioseguridad, vigilancia y control de movimientos.

Una enfermedad altamente contagiosa en aves

La enfermedad de Newcastle está causada por un virus de la familia Paramyxoviridae, identificado como paramyxovirus aviar tipo 1. Afecta a aves y presenta un periodo de incubación de entre cinco y veinte días.

Su forma habitual de presentación es respiratoria, aunque también pueden observarse signos nerviosos, diarrea o depresión. La gravedad varía según la cepa, la especie afectada, la edad de las aves, el estado inmunitario y las condiciones de la explotación.

La naturaleza altamente contagiosa de la enfermedad explica la rapidez de las medidas oficiales cuando se confirma un foco. La estrategia busca cortar la difusión, eliminar fuentes de infección y reducir el riesgo de que el virus alcance otras explotaciones comerciales.

El marco europeo exige medidas inmediatas

La enfermedad de Newcastle está categorizada en la normativa europea como A+D+E, lo que implica medidas inmediatas de erradicación ante su detección, medidas de prevención durante los movimientos y actuaciones de vigilancia.

El marco normativo europeo se apoya en la legislación de sanidad animal y en reglamentos delegados y de ejecución sobre control, vigilancia, desplazamientos y notificación. En España, la Ley de Sanidad Animal y el Real Decreto 779/2023 completan la regulación nacional aplicable a las enfermedades de declaración obligatoria.

El manual práctico de operaciones frente a la enfermedad de Newcastle actúa como guía para que los Servicios Veterinarios Oficiales ofrezcan una respuesta rápida en situaciones de sospecha y confirmación de foco.

La evolución del brote exige seguimiento diario

La concentración de focos en Valladolid obliga a mantener una lectura dinámica de la situación. La actualización del 6 de julio situaba el total en 13 focos en la zona, mientras que el registro oficial de últimas notificaciones recogía el 7 de julio una nueva entrada asociada a Íscar.

La diferencia entre una nota de situación y el registro RASVE responde a la actualización continua de las notificaciones. Por ello, el recuento operativo puede variar a medida que se confirman nuevos focos, se actualizan datos de laboratorio o se incorporan notificaciones secundarias.

Para el sector avícola, el seguimiento de las comunicaciones oficiales resulta clave. Las restricciones, los radios de control y las obligaciones de bioseguridad pueden modificarse según la localización de cada nueva confirmación.

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