La cosecha española de pistacho de 2026 podría situarse entre 12.000 y 14.000 toneladas, según la estimación realizada por Víridi Horizons en el comienzo de la recolección, ligeramente por debajo de las previsiones superiores a 14.000 toneladas manejadas al inicio de la campaña. El cambio de las condiciones meteorológicas registrado desde mediados de agosto ha trasladado ahora la principal preocupación desde el volumen hacia la conservación de la calidad durante la recogida, el transporte, el pelado y el secado del fruto.

La revisión llega mientras el cultivo continúa ampliando su presencia en el campo español. Los resultados provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos, ESYRCE, contabilizan 89.794 hectáreas de pistacho en 2025, 6.008 más que un año antes, lo que supone un crecimiento del 7,2%. De esa superficie, 46.678 hectáreas corresponden a secano y otras 43.116 a regadío.
El aumento de las plantaciones todavía tiene recorrido productivo. Una parte considerable de los árboles establecidos durante los últimos años permanece en fase juvenil y se incorporará progresivamente a la cosecha. Esa circunstancia convierte la campaña actual en un ejercicio de transición entre el crecimiento de superficie de la última década y el fuerte salto de oferta que el sector espera a medio plazo.
La humedad cambia las prioridades de la campaña de pistacho
La evolución agronómica había sido favorable hasta mediados de agosto, con buenas condiciones durante la floración y el desarrollo vegetativo. El descenso posterior de las temperaturas, el aumento de la humedad y las precipitaciones han modificado ese escenario y han elevado la atención sobre los problemas sanitarios que pueden aparecer en la fase final de maduración.
“La campaña había evolucionado de forma prácticamente perfecta hasta mediados de agosto, con buenas condiciones durante la floración y un excelente desarrollo vegetativo. Sin embargo, la bajada de las temperaturas, el aumento de la humedad y las lluvias de las últimas semanas han cambiado el escenario y obligan a extremar el control para garantizar la calidad del producto”, explica Ignacio Soler de la Azuela, director técnico de Víridi Horizons.
La preocupación se concentra especialmente en la aparición de enfermedades fúngicas y en las condiciones que pueden favorecer posteriormente problemas de aflatoxinas. El riesgo obliga a reducir al máximo los tiempos transcurridos entre la recolección y las primeras operaciones de procesado y a controlar con precisión la humedad del fruto durante el secado.
En una campaña de estas características, una parte de la calidad comercial se decide después de abandonar el árbol. La rapidez del pelado, las condiciones de transporte, la limpieza de las partidas y un secado homogéneo adquieren un peso similar al alcanzado durante el manejo de la plantación, especialmente cuando la humedad ambiental aumenta en los días previos a la recogida.
El ciclo del cultivo se adelanta entre siete y diez días
La campaña de 2026 presenta además un adelanto aproximado de entre siete y diez días tanto en la floración como en la maduración, según las observaciones técnicas de Víridi Horizons. La modificación ha desplazado el calendario habitual de determinadas explotaciones y obliga a ajustar la decisión de recolección al estado real del fruto.
“Tanto la floración como la maduración se han desplazado aproximadamente en ese intervalo, en línea con una tendencia al adelanto de las floraciones que viene observándose durante los últimos años”, señala Soler de la Azuela.
El momento de cosecha resulta especialmente sensible en pistacho. Una entrada prematura puede penalizar el llenado y el peso del grano, mientras una espera excesiva incrementa la exposición del fruto a episodios meteorológicos adversos y deterioros posteriores. La estimación definitiva de producción dependerá, por ello, del peso que alcance el grano durante esta última fase.
Esa variable explica también la amplitud de la horquilla prevista. Entre 12.000 y 14.000 toneladas existe una diferencia cercana al 17%, suficiente para modificar tanto el volumen disponible para comercialización como las necesidades de procesado en unas semanas en las que una parte creciente de las explotaciones españolas empieza a concentrar su cosecha.
España roza ya las 90.000 hectáreas de pistacho
La dimensión actual del cultivo muestra la rapidez con la que ha cambiado su posición dentro de los frutos secos españoles. España alcanzó en 2025 89.794 hectáreas, frente a 83.786 un año antes y 79.209 en la campaña 2023/24. El pistacho se ha convertido así en uno de los cultivos leñosos con mayor expansión territorial de la última década.
El Ministerio de Agricultura subraya precisamente que el potencial productivo todavía está lejos de agotarse. En sus últimos balances sectoriales constataba que más de la mitad de la superficie de secano y cerca de dos tercios de la de regadío todavía no habían entrado en producción en 2024, una proporción que irá reduciéndose conforme maduren las nuevas plantaciones.
La diferencia entre superficie plantada y superficie productiva constituye una de las principales singularidades del pistacho español. A diferencia de los cultivos anuales, la expansión de las hectáreas tarda varios ejercicios en trasladarse íntegramente a las estadísticas de cosecha, puesto que los árboles necesitan años para comenzar a producir y más tiempo para alcanzar rendimientos elevados.
Por ello, la superficie actual anticipa un volumen futuro sensiblemente superior al disponible hoy. El sector afronta el reto de acompasar ese crecimiento con capacidad suficiente de recepción, secado, clasificación, almacenamiento, transformación y comercialización para evitar que la expansión agrícola genere cuellos de botella industriales.
Las plantaciones jóvenes anticipan otro salto productivo
Víridi Horizons sitúa el principal cambio estructural en los próximos tres a cinco años, cuando una parte relevante de las explotaciones implantadas durante el último lustro alcance una edad productiva más avanzada. Muchas de estas nuevas plantaciones presentan además superficies mayores y niveles superiores de tecnificación que las desarrolladas durante las primeras fases de expansión del cultivo.
“Durante los próximos tres a cinco años vamos a asistir a una aceleración muy importante de la entrada en producción. Cuando estas explotaciones jóvenes alcancen su capacidad productiva veremos saltos muy significativos en la cosecha española”, avanza Soler de la Azuela.
Los datos oficiales respaldan esa expectativa general de crecimiento, aunque la magnitud definitiva dependerá de los rendimientos, la vecería característica del pistachero, la disponibilidad de agua, la incidencia de heladas durante la floración y la evolución climática en las principales áreas productoras.
Castilla-La Mancha continúa concentrando ampliamente la mayor parte del cultivo. Los datos provisionales de ESYRCE correspondientes a 2025 sitúan en esa Comunidad cerca de siete de cada diez hectáreas nacionales, muy por delante de Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Aragón o Murcia.
La calidad gana peso conforme aumenta la oferta
El crecimiento modifica también las prioridades comerciales. Durante los primeros años de implantación, el principal objetivo del sector estuvo ligado a aumentar superficie y alcanzar volumen suficiente. La entrada de nuevas explotaciones obliga ahora a prestar mayor atención a la homogeneidad, la trazabilidad y la capacidad de entregar partidas con parámetros estables.
“El principal riesgo este año no es tanto de precio, como de manejo del pistacho. España está consiguiendo que su producto sea reconocido por su calidad y debemos ser capaces de recolectar, transportar y procesar volúmenes cada vez mayores manteniendo ese diferencial”, sostiene el director técnico de Víridi Horizons.
El planteamiento resulta especialmente relevante ante el crecimiento de la demanda industrial. El pistacho ha ampliado su presencia más allá del consumo directo y se utiliza cada vez con mayor frecuencia en heladería, pastelería, chocolates, cremas, productos de panificación y otras elaboraciones, circunstancia que diversifica tanto los formatos comerciales como las exigencias de calidad.
La expansión de esas aplicaciones aumenta el interés por grano pelado, harinas, pastas y otros derivados y abre espacio para que una parte de la cadena española avance desde la producción primaria hacia actividades de transformación con mayor valor añadido.
Estados Unidos afronta una fuerte caída de su cosecha
La evolución del mercado español estará condicionada también por una campaña internacional particularmente incierta. Estados Unidos, primer exportador mundial y principal referencia comercial para numerosos compradores europeos, afronta una cosecha muy inferior a la extraordinaria producción obtenida en 2025.
El Departamento de Agricultura estadounidense contabilizó el pasado año 1.580 millones de libras de pistacho en California, máximo histórico y un 44% superior al ejercicio anterior. Las primeras previsiones oficiales para 2026 ya apuntaban a un descenso por el ciclo alternante del cultivo, aunque el deterioro producido durante la floración ha llevado posteriormente a los analistas privados a revisar la cosecha con mucha mayor intensidad.
Una estimación publicada en agosto por The Ag Center y Pacific Farm Management sitúa actualmente la producción en torno a 723 millones de libras, aproximadamente la mitad del récord de 2025, después de que las altas temperaturas durante la floración dificultaran la sincronización entre flores masculinas y femeninas y redujeran el cuajado. Se trata de una previsión sectorial, pendiente todavía del resultado definitivo de la campaña.
Esta reducción podría limitar la oferta disponible en el comercio internacional, aunque el efecto sobre las cotizaciones dependerá también de las existencias acumuladas durante la campaña récord anterior y del ritmo de las exportaciones hacia Europa y Asia.
Irán y Turquía añaden incertidumbre al mercado mundial
La situación de los otros grandes productores tampoco ofrece una referencia completamente estable. En Turquía circulan actualmente previsiones muy dispares para 2026, con estimaciones privadas situadas en una horquilla aproximada de 100.000 a 200.000 toneladas, reflejo de la dificultad para determinar con precisión el impacto meteorológico antes de completar la cosecha.
En Irán, la Asociación Iraní del Pistacho ha fijado su previsión previa a la recolección en unas 118.000 toneladas de pistacho seco con cáscara, por debajo de otras estimaciones privadas manejadas durante los últimos meses. La organización apunta además a un elevado volumen de existencias procedente de la campaña anterior, otro factor relevante para interpretar la oferta disponible.
Estas diferencias aconsejan prudencia al trasladar las previsiones internacionales directamente a los precios. El volumen finalmente cosechado constituye únicamente una parte de la ecuación, a la que se suman el stock, las calidades disponibles, los tipos de cambio, los costes logísticos y el comportamiento de grandes compradores como China y la Unión Europea.
Los precios españoles parten de una expectativa de estabilidad
Víridi Horizons trabaja por ahora con un escenario de precios similares a los de la pasada campaña para el pistacho español. La empresa reconoce, sin embargo, que la evolución internacional puede modificar esa referencia a medida que avancen las cosechas de California, Turquía e Irán y se conozca con mayor precisión la oferta exportable de cada origen.
La menor disponibilidad prevista en varios grandes países productores podría aportar firmeza al mercado, aunque los stocks heredados de 2025 introducen un elemento moderador. Estados Unidos cerró una cosecha excepcional y en Irán permanecen también existencias significativas, de modo que producción anual y disponibilidad comercial no evolucionarán necesariamente en la misma proporción.
Para España, la campaña se juega entretanto en un terreno más inmediato. El tonelaje definitivo será importante, pero la creciente superficie convierte la conservación de la calidad en una cuestión estratégica. Cada nueva hectárea que entra en producción amplía las necesidades de recolección y procesado y obliga a adaptar una estructura industrial que deberá absorber cosechas progresivamente mayores.
La previsión de entre 12.000 y 14.000 toneladas en 2026 representa así una fotografía todavía provisional de un sector cuyo principal cambio se encuentra por delante. Con casi 90.000 hectáreas plantadas y una elevada proporción de árboles jóvenes, el crecimiento del pistacho español dependerá cada vez menos de sumar superficie y cada vez más de transformar ese potencial agronómico en producto homogéneo, seguro y capaz de mantener su valor en el mercado.







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