Sesenta organizaciones de 18 países respaldan un documento surgido tras el Olive Oil World Congress 2026 que reclama recomendaciones específicas sobre aceite de oliva virgen extra en las guías alimentarias, más investigación y formación sanitaria. El texto se apoya en resultados cardiovasculares como los de PREDIMED y en la declaración europea autorizada para determinados polifenoles, aunque varias de las aplicaciones que propone continúan pendientes de mayor evidencia.

El denominado Manifiesto de Lisboa ha trasladado el debate sobre el aceite de oliva virgen extra desde la producción y el consumo hacia las políticas sanitarias al reclamar que Gobiernos, organismos internacionales y sistemas de salud tengan en cuenta este alimento dentro de sus estrategias de prevención de enfermedades crónicas. El documento, promovido tras la segunda edición del Olive Oil World Congress, celebrada los días 2 y 3 de julio en Lisboa, cuenta actualmente con el respaldo de 60 organizaciones de 18 países y cuatro continentes, entre universidades, centros de investigación, entidades sanitarias, organizaciones agrarias y representantes del sector oleícola.
La propuesta incluye revisar guías alimentarias, ampliar la investigación sobre los efectos del AOVE, reforzar la formación nutricional de los profesionales sanitarios, mejorar los sistemas de trazabilidad y estudiar su utilización en hospitales, residencias, centros educativos y atención primaria. Se trata, en cualquier caso, de las recomendaciones formuladas por las entidades firmantes y no de una nueva guía clínica, una resolución sanitaria internacional ni una modificación de las recomendaciones oficiales actualmente vigentes.
Esa distinción resulta especialmente relevante en un documento que combina conclusiones respaldadas por ensayos clínicos y declaraciones nutricionales autorizadas con líneas de investigación cuyo grado de certidumbre todavía es diferente.

Cardiovascular
Uno de los principales argumentos utilizados por el manifiesto procede de PREDIMED, el gran ensayo español de prevención cardiovascular mediante dieta mediterránea.
El trabajo estudió a 7.447 personas de entre 55 y 80 años con elevado riesgo cardiovascular pero sin enfermedad cardiovascular diagnosticada al comenzar el ensayo. Los participantes fueron asignados a una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra, otra suplementada con frutos secos o un grupo de comparación al que se aconsejó reducir el consumo de grasa.
En el análisis publicado en 2018, el grupo de dieta mediterránea suplementada con AOVE registró un hazard ratio de 0,69 para el resultado combinado de infarto de miocardio, ictus o muerte cardiovascular frente al grupo de comparación, equivalente a una reducción relativa cercana al 31 %.
Conviene precisar, sin embargo, qué permite afirmar ese resultado. PREDIMED evaluó un patrón de dieta mediterránea suplementado con AOVE, y no el aceite de oliva virgen extra consumido aisladamente, por lo que atribuir todo el efecto observado exclusivamente al aceite excedería el diseño del ensayo.
El estudio original publicado en 2013 fue además retirado después de detectarse irregularidades en los procedimientos de aleatorización de determinados centros y participantes. Los investigadores revisaron posteriormente los datos y publicaron en 2018 un nuevo análisis que mantuvo una estimación semejante del beneficio cardiovascular, explicando expresamente las desviaciones metodológicas detectadas.
El resultado continúa siendo una de las referencias científicas más importantes sobre dieta mediterránea y prevención cardiovascular, aunque su correcta interpretación exige conservar esas condiciones.
Polifenoles
El segundo argumento científico destacado por el Manifiesto de Lisboa se refiere a los compuestos fenólicos presentes en determinados aceites de oliva.
La Unión Europea tiene autorizada desde 2012 una declaración de propiedades saludables según la cual los polifenoles del aceite de oliva contribuyen a proteger los lípidos sanguíneos frente al daño oxidativo. Sin embargo, esa afirmación está sometida a condiciones concretas y no puede trasladarse automáticamente a cualquier botella de aceite.
La normativa establece que la declaración únicamente puede utilizarse en aceites que aporten al menos 5 miligramos de hidroxitirosol y sus derivados por cada 20 gramos de aceite, y obliga a informar de que el efecto beneficioso se obtiene mediante una ingesta diaria de 20 gramos.
Por tanto, resulta más exacto hablar de una declaración reconocida para aceites que cumplen ese contenido mínimo de determinados compuestos fenólicos que afirmar genéricamente que la EFSA atribuye el mismo efecto a todos los AOVE.
La concentración de estos compuestos puede variar en función de la variedad de aceituna, estado de maduración, condiciones agronómicas, proceso de extracción, conservación y tiempo transcurrido desde la elaboración.
Evidencia
El Manifiesto de Lisboa amplía el campo hacia áreas como neuroprotección, cáncer, salud metabólica y longevidad saludable, para las que solicita una mayor financiación científica.
En este punto, el propio carácter de la petición resulta significativo. El documento plantea reforzar la investigación precisamente porque el grado de evidencia disponible no es idéntico para todos los posibles efectos atribuidos al aceite de oliva virgen extra.
Existen estudios observacionales, ensayos sobre factores de riesgo y trabajos experimentales que apuntan hacia asociaciones favorables en diferentes patologías, aunque una asociación epidemiológica, un cambio en un biomarcador y una reducción demostrada de enfermedad clínica constituyen niveles distintos de evidencia.
De ahí que el manifiesto combine dos planos. Por una parte, utiliza resultados ya consolidados en determinadas áreas, especialmente dentro del patrón mediterráneo y la salud cardiovascular; por otra, reclama investigación adicional para precisar otros posibles beneficios y establecer en qué cantidad, población y contexto dietético podrían producirse.
Qué sostiene la evidencia y qué plantea el manifiesto
| Cuestión | Situación |
|---|---|
| Dieta mediterránea + AOVE y riesgo cardiovascular | PREDIMED encontró una reducción relativa cercana al 30 % del resultado cardiovascular combinado en población de alto riesgo |
| Polifenoles del aceite y oxidación | Existe una declaración europea autorizada bajo requisitos concretos de composición e ingesta |
| Efecto aislado del AOVE frente a todo tipo de enfermedad crónica | La evidencia varía según patología y diseño de los estudios |
| Neuroprotección, cáncer y longevidad | El manifiesto pide ampliar la investigación |
| Incluir cantidades concretas de AOVE en guías alimentarias | Es una propuesta de los firmantes, no una recomendación internacional adoptada |
| Introducir AOVE en hospitales, residencias o colegios | Es una línea de política pública propuesta por el manifiesto |
Guías
Uno de los objetivos más ambiciosos consiste en modificar las guías alimentarias nacionales e internacionales para que incluyan recomendaciones específicas y cuantificadas de consumo de AOVE.
Los firmantes quieren que el aceite de oliva virgen extra sea reconocido como fuente preferente de grasa dentro de patrones saludables y que la recomendación trascienda los países mediterráneos.
La propuesta abre, sin embargo, cuestiones que cualquier guía pública tendría que valorar antes de fijar cantidades universales, entre ellas las necesidades energéticas individuales, el conjunto de la dieta, disponibilidad del producto, precio, hábitos culturales y calidad nutricional de los alimentos a los que sustituye.
La evidencia nutricional tampoco evalúa los alimentos únicamente por sus componentes aislados. El efecto de sustituir una grasa saturada por una insaturada puede ser diferente del resultado de añadir más grasa a una dieta sin modificar el resto de su composición.
La normativa europea ya reconoce que reemplazar grasas saturadas por insaturadas contribuye al mantenimiento de niveles normales de colesterol en sangre y recuerda que el ácido oleico pertenece a estas últimas.
Sanidad
El manifiesto propone además incorporar el AOVE a hospitales, residencias, colegios y centros de atención primaria.
Esta línea lleva el debate desde las recomendaciones individuales hacia las compras públicas y la alimentación colectiva, ámbitos en los que entran en juego factores adicionales como necesidades nutricionales de cada grupo, menús completos, coste, contratación, conservación y aceptación de los alimentos.
En el caso de hospitales y centros residenciales, cualquier incorporación sistemática tendría además que integrarse dentro de dietas diseñadas para personas con condiciones clínicas muy diversas y bajo criterios de profesionales sanitarios y de nutrición.
Por ello, presentar el AOVE como parte de un patrón alimentario saludable resulta diferente de considerarlo por sí mismo una intervención terapéutica.
El documento plantea también intensificar la formación en nutrición de médicos, enfermeras, dietistas-nutricionistas y farmacéuticos, con especial atención a las diferencias de calidad entre aceites y al contenido en compuestos bioactivos.
Calidad
Otra de las líneas se centra en autenticidad y trazabilidad, un aspecto con implicaciones tanto sanitarias como económicas para la cadena oleícola.
Los firmantes defienden sistemas de control que permitan conocer mejor las características del producto que llega al consumidor y prestar mayor atención a los polifenoles.
Esta cuestión conecta con uno de los retos del sector. La denominación virgen extra está determinada legalmente por parámetros físico-químicos y evaluación organoléptica, mientras el contenido concreto de compuestos fenólicos presenta variabilidad y únicamente adquiere relevancia para una declaración saludable cuando alcanza las condiciones establecidas en la normativa europea.
Diferenciar ambos conceptos resulta esencial. Que un aceite sea virgen extra no significa por sí solo que pueda utilizar legalmente la alegación autorizada sobre polifenoles.
Investigación
El manifiesto solicita una mayor cooperación entre universidades, centros científicos y organismos de salud pública para acelerar la transferencia de resultados hacia las políticas alimentarias.
Esta petición llega después de un Olive Oil World Congress que reunió en Lisboa a cerca de 380 profesionales de 43 países y combinó intervenciones científicas con contenidos sobre producción, comercialización, tecnología, sostenibilidad y mercados.
Ese origen también debe tenerse presente al valorar el documento. El Manifiesto de Lisboa nace de un foro internacional dedicado específicamente al aceite de oliva, en el que participan investigadores e instituciones junto a productores, organizaciones sectoriales y empresas.
Su respaldo por 60 entidades representa una adhesión internacional considerable, aunque no equivale por sí mismo a una declaración de consenso emitida por la Organización Mundial de la Salud, la EFSA u otra autoridad sanitaria supranacional.
Precisamente por eso, una de las siguientes fases previstas consiste en que las entidades firmantes presenten el documento ante sus respectivos Gobiernos, sistemas sanitarios y organismos competentes para intentar trasladar sus propuestas a políticas concretas.
Consumo
La dimensión sanitaria puede tener consecuencias importantes para un sector que busca ampliar mercados y consolidar el consumo fuera de los países tradicionalmente productores.
Vincular aceite de oliva y salud resulta comercialmente relevante, aunque esa relación exige un tratamiento especialmente riguroso para evitar que la evidencia nutricional termine convertida en mensajes que atribuyan al producto capacidades preventivas o terapéuticas mayores que las demostradas.
El propio manifiesto incluye entre sus objetivos combatir la desinformación y mejorar la comunicación al consumidor. Aplicar ese principio obliga también a diferenciar beneficio demostrado, asociación estadística, hipótesis científica y reivindicación sectorial.
La evidencia disponible permite situar al aceite de oliva virgen extra dentro de un patrón mediterráneo asociado a buenos resultados cardiovasculares y reconoce efectos concretos de determinados polifenoles bajo condiciones reguladas. A partir de ahí permanecen abiertas otras preguntas cuya respuesta necesita investigación adicional.
El Manifiesto de Lisboa intenta convertir esa base científica en una agenda política internacional. Su recorrido dependerá ahora de hasta qué punto las autoridades sanitarias compartan sus propuestas, qué nuevas evidencias aporten los estudios pendientes y cómo se traduzca el conocimiento sobre el AOVE en recomendaciones que mantengan la distancia necesaria entre nutrición, salud pública y promoción de un producto agroalimentario.








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