Los regantes del Canal Macías Picavea empiezan a ver la luz al final del túnel

CB ATIENZA
VALLADOLID


El principio del fin. La Comunidad de Regantes del Macías Picavea espera que esta sea la primera campaña que pueda en parte volver a la normalidad. Porque para recordar la última época de riego hay que remontarse al año 2023. Entonces fue ya un periodo que estuvo marcado por más de una veintena de fugas y averías. Desde entonces, solo el abundante agua de lluvia ha permitido que ciertos cultivos brotaran los dos siguientes años.
El origen del problema se encuentra en el grave deterioro de la tubería principal. La situación llegó hasta tal punto que la aseguradora dejó de considerar las averías como hechos puntuales. «Nos comunicaron que ya no eran daños imprevistos, sino algo recurrente derivado del mal estado de la instalación», explica el presidente, de la Comunidad de Regantes Macías Picavea, Juan Mateo. Algo que suponía un riesgo inasumible. Y es que «sin cobertura no era posible iniciar la campaña».
A esta circunstancia se sumó un informe de la Guardia Civil de Tráfico, ya que la tubería discurre paralela a la carretera hacia Villagarcía de Campos. Varias roturas provocaron inundaciones en la vía, «lo que obligó a tomar medidas». Porque «cuando ocurre una vez puede ser un accidente, pero cuando se repite hay que actuar». Ante este escenario, la asamblea general decidió suspender la campaña de 2024 y buscar una solución estructural. La comunidad, que abarca unas 2.450 hectáreas y cuenta con cerca de 590 propietarios, se enfrentaba a una situación crítica.
Cuando no eran pocos los comuneros que había perdido la esperanza surgió una solución gracias a un convenio con la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias (SEIASA), propietaria de la red desde su construcción en 2005. Inicialmente se planteó un modelo de financiación compartida, pero finalmente la comunidad pudo acogerse a los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Juan Mateo recuerda que «el acuerdo se firmó en junio de 2025», lo que permitió agilizar los trámites. En un tiempo récord se redactó el proyecto, se licitó la obra y se adjudicó rápidamente.
La ejecución corre a cargo de una unión temporal de empresas (UTE) formada por Valbuena y Trauxía. El presupuesto inicial rondaba los 20 millones de euros sin IVA, y alcanza unos 24 en total. Tras la licitación, la obra se adjudicó con una baja del 14 por ciento, y el coste final se sitúa en unos 17 millones sin impuestos, alrededor de 20,6 millones con IVA incluido. De esa cantidad, la comunidad deberá asumir aproximadamente 8,2 millones de euros, correspondientes al 20 por ciento de la base imponible más el total del IVA.
RENOVACIÓN INTEGRAL. Las anheladas obras arrancaron el pasadp17 de noviembre con el fin de renovar por completo el sistema. Por un lado, se han sustituido todos los hidrantes —cerca de 400—, que incorporarán sistemas de telegestión. El grueso de las tareas consiste en reemplazar la tubería general, de 19 kilómetros de longitud, por una nueva de acero helicoidal soldado.
Todo ello para sustituir la anterior instalación, de fibra de vidrio, que había quedado completamente obsoleta. «Las uniones fallaban, el material no aguantaba y las roturas eran constantes. Llegó un punto en el que la tubería reventaba incluso en reposo», subraya el presidente de la Comunidad de Regantes.
Una situación que no solo generaba costes de reparación, sino también graves pérdidas en términos de producción. «No es posible tener un cultivo en pleno verano dos o tres semanas sin agua. La pérdida económica y la incertidumbre eran enormes», subraya.
ESTADO DE LAS OBRAS. Actualmente, los trabajos avanzan, aunque con cierto retraso debido a las abundantes lluvias de los pasados meses. «El objetivo es finalizar las obras antes de junio para cumplir con los plazos de los fondos europeos». Y si todo va como Mateo espera se podrá realizar una ‘media campaña’ de prueba. «No podremos sembrar cultivos como maíz o remolacha, pero sí hacer riegos de apoyo en otros como alfalfa o girasol».
Uno de los cambios más relevantes será la implantación de la telegestión, que transformará la forma de trabajar de los agricultores. A través de una aplicación, podrán solicitar el agua, controlar el consumo y gestionar sus dotaciones. «Va a ser un cambio importante, pero también una mejora en comodidad y eficiencia. Y aunque algunos de los comuneros puedan ver este cambio como complejo, seguro que logran adaptarse fácilmente».
Tras varias campañas sin riego, el proyecto ha sido recibido con alivio por parte de los comuneros. Uno de ellos es Andrés San José, que cuenta con 51 hectáreas de regadío en el término municipal de Medina de Rioseco. A pesar de la gravedad del problema, reconoce que las abundantes lluvias de los últimos años han sido clave para amortiguar el impacto. «Nos hemos librado porque ha llovido mucho así que hemos podido salvar el golpe», comenta el joven que asumió la explotación de su tío hace ocho años. «Todos los años he tenido que pagar alrededor de 12.000 euros entre el canon de la Confederación Hidrográfica, el canal y la amortización de la anterior obra». A ello, hay que sumar «el hecho de que los costes derivados de inversiones previas y averías se han seguido abonando pese a la falta de actividad».
Raúl Torres es un agricultor que dispone de más de 40 hectáreas en Villabrágima. Al igual que San José, señala que «la climatología ha sido una gran aliada estos dos últimos años». A pesar de ello, «no hemos podido trabajar con normalidad» y aunque a nivel económico podía haber sido peor hay que señalar que hemos tenido que afrontar distintos compromisos».
De esta manera, los agricultores han tenido que afrontar nuevos compromisos económicos. «Actualmente se paga un convenio que inicialmente contemplaba un reparto distinto y que ha obligado a recurrir a préstamos».
A ello, «se suman los costes adicionales derivados del desarrollo del proyecto, con varias derramas para su puesta en marcha»
Torres, que además forma parte de la junta de la Comunidad de Regantes como vocal y tesorero, advierte de que este año, aun sin regar, habrá que hacer frente a un desembolso importante. «Vamos a empezar a pagar intereses de la nueva obra, y muchos de los que seguimos en el sector estamos ya muy endeudados».
Una situación que sin duda genera preocupación de cara al futuro, especialmente si la meteorología no acompaña. En este sentido, advierte que «si falla la pluviometría con el nivel de endeudamiento que tenemos, la situación podría complicarse».
ACTUACIONES. El impacto del regadío va más allá de las propias explotaciones y afecta directamente a la economía de los municipios de la zona. Cuando concluyan las obras, el sistema dará servicio a los términos municipales de Medina de Rioseco, Villabrágima, Tordehumos y Villagarcía. Algo que a buen seguro «se notara en un gran trasiego de furgonetas y una mayor actividad en la hostelería y otros sectores». No hay que olvidar que «la agricultura es lo que da vida y fija población en estos pueblos».
Solo queda llegar a tiempo y que las obras finalicen en el próximo mes de junio. «Confío en que se pueda cumplir con el calendario; y en caso de que la previsión fuera negativa, la empresa debe aportar más medios para llegar a tiempo».
Un sinfín de quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que los regantes esperan que pronto no sean más que un mal recuerdo.

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