La Junta y FERDUERO han analizado las inversiones pendientes, la garantía de suministro y la planificación hidrológica en una cuenca donde la organización representa a 144 comunidades de regantes y más de 270.000 hectáreas.

El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, ha abordado con la Asociación de Comunidades de Regantes de la Cuenca del Duero, FERDUERO, las prioridades que marcarán el futuro del regadío en Castilla y León, desde la continuidad de la modernización hasta la disponibilidad de agua, la energía y la digitalización, en un encuentro celebrado para definir las actuaciones que permitan mejorar la competitividad de las explotaciones y la seguridad de los sistemas de riego.
FERDUERO agrupa actualmente a 144 comunidades de regantes y representa más de 270.000 hectáreas de regadío dentro de la cuenca del Duero, una dimensión que ha situado la reunión en torno a cuestiones estructurales para la agricultura de la Comunidad. Entre ellas han figurado las inversiones todavía pendientes, la necesidad de garantizar recursos suficientes y la posición de Castilla y León ante la revisión de la planificación hidrológica.
La Junta mantiene abierta la modernización de los regadíos
La modernización ha ocupado una parte central del encuentro. Pino ha trasladado a los representantes de FERDUERO que la Consejería mantiene abierto este proceso y que todavía existen comunidades con actuaciones pendientes, después de que las inversiones autonómicas y estatales hayan permitido movilizar cerca de 1.000 millones de euros en materia de regadíos en Castilla y León.
La estrategia planteada pasa ahora por identificar los proyectos que presentan una mayor madurez técnica y administrativa para facilitar su desarrollo y mantener el ritmo inversor. La Junta ha planteado también continuar el trabajo con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y con la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias, SEIASA, dos actores determinantes en la financiación y ejecución de nuevas intervenciones.
El consejero ha vinculado estas actuaciones con la mejora de la productividad y con un aprovechamiento más eficiente del agua, aunque ha ampliado el alcance de la modernización hacia otros factores que condicionan directamente los costes de producción. La gestión energética, la digitalización de las redes y la incorporación de tecnología forman parte de esa segunda etapa planteada para aumentar la capacidad competitiva de las explotaciones.
“El regadío es una herramienta estratégica para la competitividad agraria, la industria agroalimentaria y la fijación de población en el medio rural”, ha señalado Pino durante la reunión.
La garantía de agua condiciona cultivos e inversiones
La disponibilidad de recursos ha constituido otro de los principales asuntos analizados por la Consejería y FERDUERO. La garantía de suministro resulta especialmente relevante en aquellos sistemas donde la disponibilidad de agua condiciona la elección de cultivos, la planificación de las campañas y las inversiones realizadas por agricultores y comunidades de regantes.
Pino ha defendido el estudio de las diferentes soluciones técnicamente viables según las características de cada sistema. Entre las alternativas abordadas se encuentran nuevas infraestructuras de regulación, la construcción de balsas laterales, el aprovechamiento conjunto de aguas superficiales y subterráneas y la optimización de las instalaciones ya existentes.
La cuestión amplía así el debate sobre el regadío más allá de la transformación física de las redes. La eficiencia depende también de que las explotaciones dispongan de una previsión suficiente sobre los recursos con los que podrán trabajar, especialmente cuando las decisiones productivas requieren inversiones plurianuales y una planificación previa de las superficies y los cultivos.
Más eficiencia energética y tecnología
La modernización tecnológica ha aparecido ligada a esa búsqueda de mayor eficiencia. La automatización de las infraestructuras, el conocimiento preciso de los recursos disponibles y una gestión energética adaptada a las necesidades de cada comunidad pueden convertirse en herramientas para reducir costes y mejorar la administración de unas redes cada vez más complejas.
Dentro de este ámbito, la Junta y FERDUERO han analizado una posible ampliación de la colaboración con el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León, ITACyL. El trabajo conjunto podría extenderse a la eficiencia energética, la digitalización, las nuevas tecnologías y los estudios sobre disponibilidad de recursos hídricos.
La finalidad planteada consiste en trasladar conocimiento aplicado a las comunidades de regantes para facilitar tanto la gestión de las infraestructuras como la rentabilidad de las explotaciones que dependen de ellas. La innovación adquiere así una dimensión práctica vinculada a costes energéticos, utilización del agua y capacidad de planificación.
Castilla y León fija posición ante el Plan Hidrológico del Duero
La revisión del Plan Hidrológico del Duero ha situado sobre la mesa uno de los asuntos con mayor recorrido político, económico y territorial para los próximos años. Pino ha asegurado que la Junta defenderá los intereses de los regantes de Castilla y León y ha reclamado que la planificación tenga en cuenta las características productivas y territoriales de la Comunidad.
El consejero ha defendido una interpretación de la sostenibilidad que incorpore conjuntamente sus dimensiones ambiental, económica y social, de manera que la protección de los recursos naturales pueda compatibilizarse con la continuidad de la actividad agraria y las necesidades de los territorios rurales.
“La cuenca del Duero es esencialmente Castilla y León y sus usuarios deben ser escuchados”, ha afirmado Pino, que ha situado de esta forma la representación de agricultores y comunidades de regantes dentro del proceso de planificación de los recursos.
La garantía de suministro, las infraestructuras de regulación y las necesidades de las zonas regables convergen precisamente en ese marco. Las decisiones hidrológicas determinan la disponibilidad futura de agua y condicionan tanto las inversiones públicas como las estrategias productivas de explotaciones que necesitan estabilidad para organizar sus campañas.
El regadío conecta agricultura, industria y territorio
La Junta ha relacionado la continuidad de las inversiones con una dimensión que trasciende la producción agrícola. El planteamiento expuesto durante la reunión vincula el regadío con la renta de las explotaciones, la industria agroalimentaria, el empleo y el mantenimiento de actividad económica en los municipios rurales.
“Los datos demuestran que allí donde se implanta un regadío moderno y eficiente encontramos explotaciones más competitivas, cultivos de elevado valor añadido, una potente industria agroalimentaria asociada, empleo juvenil estable y una contención efectiva del declive demográfico”, ha señalado el consejero.
La relación entre agua e industria resulta especialmente relevante en una Comunidad donde una parte de la transformación agroalimentaria depende de disponer de producciones estables y de explotaciones capaces de sostener mayores niveles de productividad. Desde esa perspectiva, el regadío funciona tanto como infraestructura agraria como elemento de organización económica del territorio.
Las más de 270.000 hectáreas representadas por FERDUERO muestran además la escala de las decisiones que se encuentran pendientes. La organización reúne comunidades con características diferentes y necesidades que abarcan desde la modernización de instalaciones hasta la disponibilidad de recursos, los costes energéticos o la implantación de sistemas digitales de gestión.
Las inversiones pendientes marcarán la siguiente etapa
La reunión ha dejado abiertas varias líneas de actuación cuya evolución determinará la siguiente fase de la política de regadíos en Castilla y León. La primera corresponde a la selección y desarrollo de las comunidades que mantienen proyectos de modernización pendientes y cuentan con mayor capacidad administrativa y técnica para avanzar.
La segunda dependerá de la continuidad de la cooperación entre administraciones y de la posibilidad de sostener nuevas inversiones con participación del Ministerio y SEIASA. A ello se añaden las soluciones destinadas a reforzar la garantía de suministro y las decisiones que finalmente incorpore la revisión de la planificación hidrológica del Duero.
El tercer ámbito se ha desplazado hacia la gestión de las propias infraestructuras. Energía, tecnología, conocimiento de los recursos y digitalización forman parte de un modelo en el que modernizar ya implica tanto renovar redes como mejorar su funcionamiento económico y técnico.
La Consejería ha anunciado que mantendrá la coordinación con las comunidades de regantes y sus organizaciones para desarrollar estas líneas de trabajo. Sobre ellas recaerá una parte de la capacidad del sector para combinar disponibilidad de agua, productividad agraria, industria agroalimentaria y actividad económica en el territorio rural durante los próximos años.







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