El nuevo Grupo Operativo trabajará hasta finales de 2028 en Castilla y León y Aragón para comprobar cómo la gestión de abejas y otros polinizadores puede mejorar la alfalfa, el castaño y la producción de miel. El proyecto combinará colmenas, márgenes florales, drones, sensores e imágenes satelitales y cuantificará el rendimiento económico que este servicio ecosistémico aporta a las explotaciones.

La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos coordina GO POLINIZA, un nuevo Grupo Operativo supraautonómico que ensayará hasta finales de 2028 estrategias agroecológicas y digitales para mejorar la gestión de los polinizadores en cultivos de alfalfa y castaño de Castilla y León y Aragón. El proyecto evaluará sus efectos sobre la producción agraria, la miel, la biodiversidad y la rentabilidad, con el propósito añadido de generar datos que puedan respaldar futuras medidas de apoyo a la apicultura en la Política Agraria Común posterior a 2027.
UPA encabeza una agrupación en la que participan ITAGRA.CT, la Fundación Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León, Cesefor, y UPA Aragón. La resolución definitiva del Ministerio de Agricultura ha concedido al proyecto 563.515,78 euros, de los cuales 450.812,62 proceden del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural y 112.703,16 de la Administración General del Estado.
La iniciativa traslada al terreno una cuestión que durante años ha ocupado buena parte de la investigación sobre biodiversidad agraria. La polinización constituye un proceso biológico esencial para numerosos cultivos, aunque su aportación económica rara vez aparece de manera explícita en las cuentas de una explotación. GO POLINIZA pretende medirla y determinar hasta qué punto determinadas prácticas pueden convertir una mejor gestión de la biodiversidad en producción y renta.
Castilla y León y Aragón llevarán los ensayos al campo
Las actuaciones se concentrarán en parcelas de alfalfa de secano y zonas de castañar de Castilla y León y Aragón, dos territorios con perfiles agrarios diferentes que permitirán estudiar el comportamiento de los polinizadores bajo distintas condiciones ambientales y productivas.
En la alfalfa se introducirán de manera planificada colmenas y se crearán islas de biodiversidad mediante márgenes florales y setos. El objetivo será comparar las parcelas intervenidas con otros espacios y comprobar si la disponibilidad de alimento y refugio modifica la presencia y actividad de los insectos, así como su repercusión sobre el cultivo.
El trabajo incorpora una dimensión especialmente relevante para Castilla y León, donde confluyen una extensa agricultura de secano y uno de los principales sectores apícolas del país. Los últimos indicadores completos del Ministerio sitúan a la Comunidad entre las cuatro grandes productoras de miel de España y le atribuyen el 15,5% de la producción nacional de 2024.
Esa relación entre agricultura y apicultura constituye precisamente el terreno que quiere estudiar el proyecto. Las colmenas dejan de analizarse únicamente desde la producción de miel y pasan a considerarse también por el servicio que prestan cuando las abejas visitan cultivos y vegetación próxima.
Drones y satélites seguirán la actividad de los polinizadores
Una de las líneas más novedosas utilizará drones, sensores remotos e imágenes de satélite para estudiar la distribución y actividad de los polinizadores. La memoria técnica plantea aplicar estas herramientas por primera vez a los cultivos seleccionados dentro del proyecto, con el propósito de relacionar la información captada a distancia con los datos obtenidos directamente sobre el terreno.
El reto consiste en convertir un proceso biológico muy dinámico en información susceptible de ser medida y comparada. La presencia de polinizadores varía según la floración, la meteorología, el paisaje que rodea cada parcela, la disponibilidad de refugios y alimento y las propias prácticas agrarias, de modo que una fotografía puntual resulta insuficiente para explicar su comportamiento.
La observación remota permitirá seguir la evolución de las parcelas, identificar patrones espaciales y analizar si las intervenciones agroecológicas alteran la distribución de los insectos. Los resultados se cruzarán posteriormente con variables productivas para determinar hasta qué punto una mayor actividad polinizadora se corresponde con mejoras cuantificables.
La tecnología adquiere de esta manera una función instrumental. El objetivo final permanece en el cultivo y en la explotación, donde los investigadores deberán traducir mapas, imágenes y mediciones en recomendaciones que puedan ser utilizadas por agricultores y apicultores.
Los márgenes florales recuperan espacio para la biodiversidad
GO POLINIZA analizará también una de las estrategias más extendidas en la agroecología aplicada, la creación de márgenes florales, setos y pequeñas zonas de biodiversidad dentro o alrededor de las parcelas.
Estos espacios proporcionan alimento durante periodos en los que el cultivo principal carece de floración y ofrecen refugio a diferentes especies. Su utilidad potencial aumenta en paisajes agrícolas homogéneos donde la disponibilidad de recursos puede concentrarse durante unas pocas semanas y reducirse considerablemente durante el resto del año.
La FAO señala que los polinizadores intervienen en torno al 35% del volumen mundial de producción agrícola y favorecen el rendimiento de 87 de los 115 principales cultivos alimentarios. También destaca que la diversidad de especies ayuda a mantener la polinización bajo condiciones ambientales cambiantes y aumenta la resiliencia de los agroecosistemas.
La magnitud de ese dato requiere, sin embargo, una lectura precisa. El 35% expresa la proporción de producción agrícola mundial afectada en algún grado por la polinización animal y no significa que ese porcentaje de alimentos desapareciera completamente en ausencia de insectos. La dependencia varía considerablemente entre especies y sistemas productivos.
La alfalfa servirá para medir producción y respuesta del cultivo
La alfalfa constituye uno de los dos grandes laboratorios agrícolas del proyecto. España contabilizó 199.558 hectáreas en 2025, según los resultados provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos del Ministerio de Agricultura, después de registrar un descenso del 8,7% respecto al ejercicio anterior.
GO POLINIZA analizará cómo la presencia de polinizadores y las medidas destinadas a favorecerlos repercuten sobre el cultivo, con especial atención a su eficacia, distribución y traducción económica. Los ensayos combinarán la introducción controlada de colmenas con las infraestructuras de biodiversidad y el seguimiento tecnológico.
La investigación deberá precisar qué condiciones proporcionan una respuesta positiva y cuál es la intensidad adecuada de la intervención. Introducir más colmenas carecería de sentido si los recursos florales disponibles resultasen insuficientes, de ahí que el proyecto incorpore también cálculos sobre la capacidad de cada entorno para sostener poblaciones de abejas sin generar una presión excesiva.
Ese enfoque obliga a tratar la polinización como una variable de manejo agronómico que depende tanto del número de insectos como de la calidad del hábitat que encuentran alrededor.
El castañar une producción forestal, fruto y miel
El segundo ámbito de investigación serán los castañares, donde el proyecto comparará diferentes modelos de gestión para identificar aquellos que favorecen una mayor presencia de polinizadores y comprobar su posible efecto tanto sobre la cosecha de castaña como sobre la producción apícola.
La particularidad del castaño reside en que su floración proporciona una fuente de alimento de gran interés para las abejas y permite conectar dentro de un mismo espacio la producción de fruto, el aprovechamiento forestal y la obtención de miel. Esa coexistencia convierte al cultivo en un escenario adecuado para estudiar beneficios repartidos entre diferentes actividades económicas.
Las estadísticas agrícolas del Ministerio situaron la superficie de castaño destinado a fruto en torno a 34.800 hectáreas en 2025. Esta magnitud resulta distinta de las cifras mucho mayores que aparecen cuando se contabiliza toda la superficie forestal poblada por castaños, una diferencia metodológica relevante cuando se pretende valorar exclusivamente la producción agraria.
El proyecto estudiará además la denominada capacidad de carga apícola, es decir, el número de colmenas que un determinado territorio puede alimentar de manera sostenible en función de la cantidad y duración de sus recursos florales.
Medir cuánto dinero aporta una abeja al agricultor
La parte económica constituye una de las cuestiones centrales de GO POLINIZA. Los investigadores pretenden cuantificar el valor de la polinización como servicio ecosistémico y determinar qué parte de una eventual mejora del rendimiento puede atribuirse a una gestión más eficaz de abejas y otros insectos.
Esa valoración resulta compleja porque el agricultor no recibe una factura individual por cada servicio ecológico que interviene en su explotación. Fertilidad del suelo, regulación natural de determinadas plagas, disponibilidad de agua o polinización influyen sobre la producción, aunque una parte de esos procesos permanece fuera de las contabilidades convencionales.
GO POLINIZA intentará relacionar los costes de introducir medidas como setos, márgenes florales o colmenas con los beneficios observados posteriormente. El resultado deberá permitir comprobar si las actuaciones generan un retorno suficiente y en qué condiciones pueden resultar interesantes para explotaciones comerciales.
El enfoque puede ser especialmente relevante para la agricultura familiar, donde pequeñas variaciones en productividad o costes repercuten directamente sobre márgenes ya muy condicionados por los precios de los insumos y la comercialización.
La apicultura recuperó producción tras dos campañas difíciles
El proyecto comienza mientras la apicultura española mantiene una posición destacada dentro de la Unión Europea. El Ministerio considera a España líder comunitario en censo de colmenas y grado de profesionalización y señala que el número de explotaciones apícolas aumentó un 0,7% en 2026, con un 17% clasificadas como profesionales.
La producción atravesó, sin embargo, dos campañas especialmente difíciles en 2022 y 2023, marcadas por la sequía. En 2024 se recuperó hasta 33.134 toneladas de miel, alrededor de un 20% más que el año anterior, aunque continúan condicionando al sector problemas sanitarios como la varroosis y la presencia de especies invasoras.
El propio Ministerio reconoce que el valor de la apicultura supera la dimensión estrictamente comercial de miel, cera y polen debido a su contribución a la polinización de los cultivos, la conservación del medio natural y el mantenimiento de la biodiversidad.
GO POLINIZA pretende introducir una cifra económica en esa aportación para que el servicio ambiental pueda incorporarse con mayor facilidad al diseño de políticas agrarias.
El proyecto mira hacia la PAC posterior a 2027
UPA ha vinculado expresamente los resultados del Grupo Operativo con el debate sobre la Política Agraria Común que sucederá al actual periodo 2023-2027. La organización quiere utilizar las evidencias obtenidas para defender una ayuda acoplada por colmena destinada a la apicultura familiar.
La propuesta parte de considerar que una explotación apícola genera dos clases de valor. Una procede directamente de la venta de miel y otros productos y otra se distribuye por el territorio mediante la polinización de cultivos y especies silvestres.
La investigación tendrá que determinar con datos hasta qué punto ese segundo beneficio puede medirse y trasladarse a un instrumento de política agraria. El proyecto adquiere así una dimensión que supera las parcelas experimentales, porque sus promotores pretenden convertir los resultados obtenidos en argumentos técnicos para la negociación de futuras ayudas.
La reivindicación pertenece a UPA y todavía no constituye una medida aprobada dentro de la próxima PAC. El marco posterior a 2027 continúa sujeto al proceso de negociación europeo y nacional, por lo que el valor del proyecto residirá precisamente en aportar evidencias antes de que se definan los instrumentos definitivos.
Más de medio millón para innovación hasta finales de 2028
GO POLINIZA forma parte de la convocatoria estatal de grupos operativos supraautonómicos de la Asociación Europea para la Innovación en productividad y sostenibilidad agrícolas, AEI-Agri, integrada en el Plan Estratégico de la PAC 2023-2027. La resolución definitiva de concesión se publicó el 14 de mayo de 2026.
La ayuda concedida asciende a 563.515,78 euros. UPA recibe 168.244,28 euros, ITAGRA.CT 156.968,40, Cesefor 186.178,15 y UPA Aragón 52.124,95 euros. El 80% del presupuesto procede del FEADER y el 20% restante de fondos de la Administración General del Estado.
Hasta finales de 2028, el trabajo deberá pasar de las parcelas piloto y las mediciones de actividad a resultados capaces de responder a una pregunta directamente agronómica. La cuestión será determinar cuánto puede ganar una explotación cuando gestiona mejor los polinizadores y qué combinación de biodiversidad, tecnología y manejo permite alcanzar ese beneficio sin comprometer los recursos disponibles.
La respuesta será relevante tanto para agricultores como para apicultores. Para los primeros, porque permitirá conocer si invertir en hábitats favorables mejora el rendimiento; para los segundos, porque puede aportar una valoración económica adicional al trabajo de unas colmenas cuya importancia se extiende mucho más allá de la miel que producen.







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